28 de diciembre de 2009

Las cinco menos diez

- ¿Te has sentido vacío por dentro alguna vez? – decía mientras me miraba fijamente a los ojos.

Le devolví la mirada y no articulé palabra. Sucedió que por dentro un millón de pensamientos y reflexiones empezaron a fluir. ¿Vacío en qué sentido? ¿Vacío como una naranja a la que arrancan la pulpa? ¿Cómo una discoteca un sábado a las 10 de la mañana? ¿Cómo un cuaderno recién estrenado? ¿O más bien vacío como un diccionario sin palabras?

Porque así me sentía en ese momento. Su pregunta me había descolocado por completo, como un golpe inesperado en la mandíbula. Jamás esperé que aquella morena de ojos verdes, por la que todos babeaban, con un escote demasiado generoso para ser real me formulase aquella misteriosa pregunta.

¿Intentaba ligar o simplemente había reconocido la tristeza en mis ojos? Una tristeza que los suyos también destilaban, quizás por muy diferentes razones que los míos.

- Porque yo sí –quiso continuar –Me siento vacía cuando vengo aquí y todos me miran con aires de cazador nocturno, desnudándome con la mirada, soñando con una noche de locura y con unas esperanzas que no van más allá de las 12 de la mañana.

¿Y a mi qué? Pensé mientras dejaba mi copa a un lado, pero no dije nada, esbocé una pequeña sonrisa y clavé mis ojos en sus pechos. Estaba buena, no podía negarlo, realmente buena, pero ni siquiera su visión angelical podía borrar de mi memoria lo que había venido a olvidar en demasiados mililitros de alcohol.

- ¿No hablas mucho verdad?

Pedazo de lince la chica, pensé, y casi sin que me diera cuenta me sacó a bailar.

El roce de su piel contra mi cuerpo empezó a ponerme bastante nervioso y regresé a la barra cuando terminó la canción.

- ¿No te lo estás pasando bien?

Es obvio que no, volví a pensar para mis adentros, pero lo único que volví a mostrar fue una falsa sonrisa de complicidad.

Hizo un gesto desdeñoso con la mano y se marchó. Apenas la seguí con la mirada y volví otra vez a concentrarme en la copa. Pasaron varias horas aunque en mi estado de inconsciencia parecerieron tan sólo unos minutos. El garito no tardó en vaciarse y pronto llegó el portero de metro noventa a echarme del local.

En la calle hacía frío y comencé a caminar sin rumbo, no había amanecido todavía y apenas había gente en la calle. En la parada de autobús una chica morena esperaba sentada con la mirada perdida. Me senté a su lado sin mirarla.

- Sí –dije en tono cortante.
- ¿Perdona? –me dijo algo sorprendida
- Que sí, que me he sentido vacío alguna vez por dentro.
Se hizo el silencio y la chica miró al suelo con incomodidad. Llegó el autobús y se despidió con un gesto de cabeza, antes de que cerrasen las puertas se dio la vuelta y pronunció un “yo también” que quedó ahogado con el ruido del vehículo al arrancar.

Volví a emprender camino, otra vez sin rumbo, llegué a un parque y me senté en un banco. Estuve cinco minutos, o quizás una hora sentado. Empezaba a quedarme dormido cuando una voz que conocía me sacó del aturdimiento:

- Todavía no me has dado una respuesta.

Me di la vuelta y unos ojos verdes se clavaron en los míos.

- Puede…
- ¿El qué puede?
- Que si te dejo con la intriga te acuestes conmigo esta noche.

Se sorprendió por la respuesta, me preparé para el típico reproche o insulto pero por el contrario me besó en los labios, me agarró la mano y empezamos a caminar hacia su portal.

Ese amanecer fuimos sólo dos náufragos flotando en una cama y dándonos calor. Follamos, sí. No hicimos el amor, no se puede hacer el amor con alguien a quien no conoces.

¿Qué si le di una respuesta? Por supuesto que no. No hay que ser muy listo para saber que ambos necesitábamos lo mismo y que ninguno necesitaba una respuesta: alguien a quien abrazarnos esa noche, alguien a quien no le importase escuchar y alguien de quién no nos acordásemos al día siguiente. Diferente sí, pero de quien no nos acordásemos y por quien no hubiera que derramar lágrimas. Alguien tan sola como yo…

Lo jodido es que no supe cumplir mi parte del trato y escribí estas líneas.

“Vivir es ganarle batallas a la soledad”, Luis Ramiro (Mayo de 2002)



NOTA: No se puede llegar a llamar versión, pero mientras escribía escuchaba una de mis canciones favoritas, "Mayo de 2002" del maestro y genio Luis Ramiro, se pueden decir muchas cosas de forma diferente y el fondo seguirá siendo siempre el mismo... Gracias

13 de diciembre de 2009

Teoría del caos

Madrid es una ciudad de contrastes, puedes encontrar vacías sus calles a primera hora de la mañana y sin embargo verla rebosar de vida y de viandantes a altas horas de la noche.

En estas fechas, los árboles se visten con bombillas alumbrando como si un ejército de luciérnagas hubiese invadido la ciudad. Por las aceras, la gente va cargada de bolsas, caminando con su habitual paso frenético y con la mirada perdida en el infinito, siempre con prisas, siempre pendientes de sus relojes.

Me bajo en la estación de Nuevos Ministerios, son las 7:45 de la mañana y la ciudad limpia todavía sus legañas. La estación está llena de personas que caminan en todas direcciones, unos suben, otros bajan, van en oleadas perfectamente alineadas, como hormigas y, de vez en cuando, alguna oveja descarriada rompe la armonía intentando nadar contracorriente porque se confundió de escalera mecánica.

En la calle está lloviendo, lo sé porque en la estación hay varios cubos de plástico rojo llenándose poco a poco debajo de las goteras. La gente los esquiva sin más, sin derribarlos, como si fueran parte inamovible del paisaje, a veces pienso que si en lugar de cubos hubiera varias personas tiradas nadie repararía en ello.

Salgo a la calle y me pongo la capucha. Es temprano para entrar a trabajar y decido dar una vuelta porque no llueve mucho. Paso por delante de la cristalera de un hotel, dentro hay un comedor rebosante de bollos y comida para el desayuno. Afuera, sentados junto al muro de la cristalera hay un par de indigentes con un cartel pidiendo dinero y con una litrona de cerveza a medio terminar. Me saludan, les saludo y prosigo mi camino.
Me alejo pensando lo curioso que resulta que bajo el calor del hotel uno pueda ponerse morado a bollos mientras a unos metros dos personas viven de la caridad.

Avanzo hasta llegar a un cruce. Un coche se salta el semáforo pega un frenazo y golpea lateralmente a otro que circulaba en otra dirección. Ambos conductores se bajan de sus vehículos mientras comienzan los gritos y discusiones a ver quien lleva la razón. El resto de conductores deciden sumarse a la pelea haciendo sonar sus cláxones a lo que uno de los implicados responde con cortes de manga. Un valiente en medio de los lobos.

Prosigo mi camino dejando atrás el caos y en una parada de autobús veo un anuncio que reza “el verdadero sentido de la ciudad…” mientras un par de modelos posan sonrientes.

Me encamino finalmente hacia el trabajo, pensando en ese sentido y llego a una conclusión:

Sólo siendo un cubo de plástico rojo que recoge el agua de las goteras puedes vivir realmente ajeno a esa locura que llamamos Madrid, después escuché en la radio que había cuatro kilómetros de retención en la ciudad por un accidente en pleno centro. La mariposa que agitó sus alas una vez más...

NOTA: Gracias a Ehse, porque me hizo ver un día lo maravillo que es fijarse en los cubos de plástico de la estación de Nuevos Ministerios. Sin él nunca hubiera nacido este relato.


22 de noviembre de 2009

Mariposas tristes

Ella odiaba las mariposas, siempre lo había hecho, era algo irracional y que no podía controlar. Se supone que debían de ser maravillosas, incluso poéticas pero a ella le parecían repulsivas y simplemente inútiles.

Por eso le molestaba tanto notarlas en el estómago, revoloteando sin cesar mientras el chico que le quitaba el sueño le hablaba sobre el trabajo que tenían que terminar para el día siguiente.

-¿Seguro que podrás terminarlo?, mira que nos estamos jugando la nota...

Ella pareció salir momentáneamente de su embelasamiento pero volvió a notar los lepidópteros dando vueltas en su estómago.

-Tranquilo, lo tendré.

Se despidió fugazmente con la mano, pero las mariposas permanecieron todo el día. Creyó que no iba a soportarlo más hasta que lo vió besándose con otra en el pasillo, entonces las mariposas murieron de golpe.

Recordó porqué las había odiado tanto: Cuando se iban, siempre te dejaban un regustillo amargo a derrota en la boca.



Imagen extraída de: Última obra


NOTA: Éste relato surgió después de escuchar la canción "Mariposas tristes" de David Rivera, incluida en su disco "Abril". Recientente ha publicado nuevo disco: "Mejor", os recomiendo la compra de ambos fervientemente.

12 de noviembre de 2009

Dedales y recuerdos

La mente humana nunca dejará de sorprenderme. Puedes olvidar a una persona, olvidar su rostro, sus gestos, su nombre y, un día de repente, mientras viajas en el metro intentando no quedarte dormido, sobrevuela tu cabeza una descarga de recuerdos que te deja temblando de frío.

Así fue como me acordé de ella, Victoria se llamaba, pequeña y grácil, de cara bonita y pelo rubio rizado. Apenas tendríamos 5 años en aquel patio de guardería, jugábamos a ser novios que se intercambiaban dedales, tal y como nos había enseñado el viejo (pero no grande) Peter Pan.

- ¿Algún día nos casaremos? -preguntaba con su vocecita aguda.

Recuerdo que yo asentía y sonreía, luego nos cogiamos de la mano para formar la fila de entrada otra vez al aula y hasta ahí llegaron mis recuerdos pues una voz me sacó de las profundidades del pensamiento anunciando mi parada.

El caso es que me empezaron a entrar las dudas: ¿Qué habrá sido de su vida?, ¿cómo será ahora?, ¿la reconocería si la viera por la calle?, ¿qué estudiará o a qué se dedicará?, ¿cómo la trató la vida todos estos años?, ¿se acordará de mi?

En el camino que separa la parada de metro del trabajo, llegué a plantearme si seríamos compatibles. Analicé mi personalidad actual con la que recordaba de ella por aquel entonces y llegué a la conclusión de que cuando uno se hace mayor los dedales ya no sirven para nada. El tiempo mata tantas cosas...

Ya sentado frente al ordenador analicé porqué mi mente había decidido devolverla a la vida de golpe, sin previo aviso, con una viveza y nitidez asombrosas y lo cierto es que no hallé ninguna respuesta. Estuve feliz el resto del día por ese "regalo personal" que mis neuronas habían tenido a bien regalarme. Quizás a todos nos toca una sorpresa de vez en cuando...

Todos dicen que el mundo es un pañuelo así que como nunca se sabe dónde, cuándo o porqué las cosas suceden, os cuento esta historia por si aquella chica grácil, pequeña y hermosa llamada Victoria lee esto algún día, que sepa que tengo un dedal para devolverle algún día.

"¿Sabes lo qué es un beso?- preguntó wendy pasmada.
-Lo sabré en cuanto me lo hayas dado -le contestó.
Y, para no herirle, Wendy le dió un dedal"
(J.M.Barry, Peter Pan)


25 de octubre de 2009

Mejor blog de Cultura: Deprisa-Deprisa

Si algo me ha dado internet, es la posibilidad de compartir letras con gente a la que admiro.

Hace ya algún tiempo me embarqué en una aventura a la que bautizamos como "Deprisa-Deprisa" sin más pretensión que la de compartir relatos, reseñas y buenos momentos.

El premio 20 blogs al mejor blog de Cultura 2009 ha sido la culminación de un proyecto al que le tenemos muchísimo cariño y respeto a la vez. Hemos trabajado duro (cosa que explica el porqué he estado desaparecido tanto tiempo de este blog). Estuvimos a sólo 10 votos de ganar los 3.000 euros que otorgan las votaciones populares y hemos llegado mucho más alto de lo que nunca nos hubiésemos imaginado.

Por eso mis queridos compañeros y amigos: Pedro, José Luis, Guille, Fer y Laura; hoy os dedico este post, porque hemos sido una auténtica piña y porque espero seguir compartiendo letras con vosotros durante mucho tiempo.



17 de octubre de 2009

Me equivocaba

Creí que jamás podría volver a disfrutar de una buena conversación y ya ves, me equivocaba.

Creí que jamás podría fijarme en unos ojos más bonitos que los tuyos y ya ves, me equivocaba.

Creí que jamás podríamos matar de un hachazo al olvido y ya ves, me equivocaba.

¿Sabes lo mejor de todo?

Que hoy te has equivocado tú cuando me has dicho: "has cambiado, pero sé que todavía me quieres".

Sólo he podido reirme, tienes toda la razón en que he cambiado, no voy a negar la evidencia pero NO te quiero. Sería imposible quererte, al fin y al cabo, tiraste a la basura lo nuestro y no me equivoqué cuando supe que volverías a buscarlo. Al fin y al cabo, soy la única persona que busca la suerte en la mierda que pisa.

Y ahora eres tú la sorprendida. Supongo que no te esperabas ese golpe bajo. Quizás sigues pensando que muero por tus besos, que recuerdo cada momento que vivimos como algo maravilloso, pero te vuelves a equivocar.

Esos ojos azules que compartían legañas conmigo en el metro cada mañana, besan mucho mejor que tú...

Ya ves, por fin la suerte me sonríe...


13 de octubre de 2009

Ítaca, Penélope y mi mente en bicicleta

Debería haber estado escribiendo un final para todas esas historias que comienzo y, sin embargo, hoy mi mente se declaró en pie de guerra.

-No me da la gana trabajar, paso de inventar personajes, tramas y gilipolleces varias. Es hora de liberarme un poco ¿no crees? -me dice desafiante.
- ¿Te refieres a filosofar? -le respondo aireado...
- Si Sartre levantara la cabeza...Me refiero a liberarme sin más, dejarme salir de esta caja que tienes por cabeza, dar una vuelta y revolotear a mi antojo...
- ¿Es muy normal hablar con mi propia mente?
- Hombre, muy normal no es, seamos sinceros pero ¿a quién le importa?
- También es verdad...


Así que en ese momento la dejé volar y salió disparada como un bólido a la salida de boxes. Cuando se disipó el efecto doppler que su paso veloz había producido se sentó placidamente sobre el papel y cogió un bolígrafo.

Empezó a garabatear con trazos suaves y cuidados, nada parecidos a mi letra y cuando hubo terminado sonrió aliviada.

-Es hora de volver a casa- dijo a la vez que volvía otra vez disparada a mi cabeza.

Rápidamente me apresuré a leer lo que había escrito y juraría que noté como se sentaba tranquila para observar a través de mis ojos.

"El tiempo ha pasado y no fue tan horrible como los agoreros vaticinaron. Tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Las dificultades parecieron llegar todas de golpe, como una terrible marejada, amenazando con hundir el barco y sin embargo tuviste el valor suficiente (quedaría muy mal decir que fueron los "huevos") para agarrar el timón a pesar del mareo y evitar que se reventara contra las rocas.

Esta vez no hubo faro, ni estrella polar, estuviste sólo y conseguiste salir adelante. Como un auténtico lobo de mar. Como sólo la vida puede enseñarte.

Hubo paradas en el camino, es cierto, encontraste lugares de avituallamiento, puertos de ensueño donde encontraste el calor de unos brazos y unos labios. Duraron poco, también es cierto. Pronto desamarraron sus botes y salieron mar adentro y una vez más, viste como se alejaban desde la orilla y decidiste si salir tras ellos o emprender un nuevo rumbo. Elegiste lo segundo.

Y volviste a pensar que era díficil seguir adelante, volviste a sentir la soledad del viajero. Volviste a adorarla como sólo los locos son capaces de hacerlo. Y ese fue el mayor error pues entonces fue cuando tocaste fondo y pasaste varios meses encallado.

Su ausencia dolía, el pecho te ardía de rabia e impotencia y parecía no haber salida. Pero la encontraste una vez más, conseguiste sacar el buque de las rocas cuando subió la marea y volviste a tomar el control de la situación.

Empezaste a escribir mensajes y a meterlos en botellas, los lanzaste al mar, con la esperanza de que alguien los encontrara y contestase. En varios puertos encontraste gente interesada en ti, en tu historia, en contestar esos mensajes, pero, fuera de toda lógica, los ignoraste pues buscabas algo que ni tú mismo eras capaz de describir.

Es díficil encontrar cuando no se sabe lo que se busca. De nuevo unos brazos y de nuevo una huida. ¿Vuelta a empezar? Yo creo que no, es hora de rendirse, de bajar la guardia y de decir las cosas claras, pues ya lo decía el refrán: al pan pan y al vino vino.

Eres como eres y no tienes que pedir perdón por ello ni arrepentirte. A quien le guste bien y a quien no, como dicen las malas lenguas, que se joda. Esa es la única manera posible de tomar el control y de agarrar el timón otra vez, pues desde hace semana y media parece haberse vuelto a descontrolar..."

-¡Narices! -grité -¿Qué diantres significará todo esto?, maldita mente, puedes ser retorcida hasta decir basta. Ya te vale...

Silencio...

-¿No piensas hablar?
- Estás hablando otra vez conmigo membrillo. ¿no piensas dejarme descansar de una vez? ya te lo he dejado todo clarito...
- Hombre...clarito clarito...
- Hay que joderse contigo tronco, eres imposible. ¿Te conté alguna vez aquella historia de Ítaca?
- ¿Esa que decía que lo importante no era llegar sino disfrutar de las paradas del camino?
- Tu mismo lo has dicho campeón. Ahora interpreta lo que quieras.
- ¿Y los lectores del blog?
- Interpretarán también lo que quieran, a unos les tocará de cerca y no se darán cuenta, a otros ni les rozará y sin embargo pensarán que les toca de cerca, otros pensarán que todo lo que escribes es mierda en estado puro y otros...bueno ya sabes que otros ni siquiera pensarán y sólo desearán que este peñazo termine pronto.
- Puedes ser cruel en ocasiones...
- ¿Sólo en ocasiones? Sabes de sobra que puedo ser cruel la mayor parte del tiempo pero aún así, me has caído bien chaval, al fin y al cabo soy tu conciencia y tengo que vivir en este antro que llamas cabeza. Que por cierto, ya podrías haberme dado una habitación cerquita de tus sueños eróticos...
- ¡Calla que hay gente leyendo!
- ¿Te avergüenza que sepan que tienes sueños eróticos? Porque son mejores que cualquier peli del plus, te lo aseguro, pero que te voy a contar que no sepas...
- Así que Ítaca...
- Sí, eso, tú a tu bola, como siempre.
- ¿Podré tener sueños eróticos con Penélope?
- Podrías tener a Penélope y no precisamente en tus sueños, pero eres tan capullo que no sabes como actuar ni como reaccionar y lo único que haces es viajar en tu estúpido barquito y escribir chorradas mustias que nadie comprende...
- ¿Perdona?
- Ya toca dormir un ratito ¿no? como te digo estoy agotada, llevo varios días de curro intensivo. A ver si me controlas un poquito.
- Penélope, ummm....
- Estás como una puta cabra ¿lo sabes verdad?
- Tenía una ligerísima idea...

Me sonrió antes de acostarse y justo en ese momento cerré los ojos. Hay muchas paradas que hacer antes de Ítaca, pero si me doy prisa igual pillo a Penélope en la orilla...



NOTA: Cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Esta obra se encuentra bajo licencia Creative Commons ©