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15 de abril de 2018

Mi voz

En alguno de mis rincones llenos de polvo, cerca de mi guarida de lobos, vivía encadenada mi voz dormida. Una voz que no había conocido nunca, aunque en alguna ocasión hubiera sentido que gritaba mi nombre como una pequeña ráfaga de viento diminuta.

Durante mucho tiempo he negado su existencia y me he tapado los ojos y los oídos, quizás por puro miedo a conocerla, por pavor a que me gritase aquello que no quería escuchar, a que me llenara de reproches por haberla dejado abandonada en el más profundo de mis cuartos oscuros. A que desmontase mi historia y el papel que yo mismo he construido y he aceptado en ella. Pero basta que trates de ponerle puertas al mar, para que el mar pase por encima de ellas arrollándote, tirando abajo tus castillos de arena.

Y mojado, sintiendo que esa voz ahora se ha hecho presente y ha desmontado mi película, que no me ha reprochado nada y que me ha abrazado como se abraza un bosque, no sé si podré domarla para que aparezca a voluntad, si será como un corcel blanco que cabalgue mis llanuras, si me enseñará por fin el camino que ponga fin al invierno que desde hace tantas primaveras me acompaña.

Quién sabe si tal vez, sólo sea necesario dejarse llevar. Fluir como fluyen las corrientes y el agua. Aceptar que toda luz proyecta sombras. Que es en la ausencia donde puedo aprender a sentirme acompañado. Que las partes que me niego son las que más me representan. Salir del personaje armado hasta los dientes que desde hace un tiempo me defiende sin tener nada de lo que defenderme.

Y latir. Como late un instrumento en una orquesta. Sentir que hay grupos que acompañan. Que caminan cerca. Que quieren escucharte. Que conocen las voces que te niegas.

Y cantar. Cantarlo todo. Desde dentro y desde el centro.

Para así, poder perdonarme.

Para así, poder construirme.

Little voice by Khoa Le

17 de diciembre de 2017

Ciudad poesía

Dejé olvidados mis poemas en algún rincón de este planeta, perdidos entre el ruido atronador de charlatanes y sabihondos de red social, donde ni yo mismo lograba alcanzarlos. Habían dejado clavado en mí el recuerdo de sus dedos blancos. Sus retazos de azul y sabor a sal, su incapacidad de amar más allá de la etiqueta y el me gusta, su miedo a la muerte, su pavor a las miradas por encima del hombro, a la indiferencia.

Caminé en dirección contraria y me alejé, condenando al destierro la emoción y anclándome en la excusa. Dejé de creer en ellos, en la paz de sus letras, en los pájaros que revoloteaban en cada una de sus líneas. Y empecé a culpar a la inspiración de todos los problemas.

La niebla había llegado a ciudad poesía, lo que antaño fuera un paraíso soleado que de forma tan plácida había habitado los últimos años, se había convertido en una ciudad en guerra, destruida por mi ejército de caimanes, asediada y bombardeada por el más antiguo de mis rechazos. Sin ni siquiera saber en qué momento la guerra se ha apoderado de tus vísceras te ves inmerso en una batalla que debes librar solo.

Uno no conoce el alcance de la soledad hasta que se aleja de lo que siempre le ha acompañado, hasta que pierde de vista la luz del último de sus faros. Y en soledad, caminando entre las ruinas, cegado por la niebla, al borde la locura y con la ansiedad como única compañera me veía incapaz de salvar horizontes. Y esta se convierte en la historia de tu derrota.

Lo bueno del silencio es que permite escuchar la voz que llevamos dentro. Una voz que cuando sabe el buque perdido, grita y hace temblar todos y cada uno de tus cimientos. Y esta, aunque resulte difícil de creer, se convierte en la historia de una victoria.

Esa voz guía construyó de nuevo las fuentes, las calles, los edificios, las plazas, los bulevares, los parques. Trajo de vuelta los pájaros y llenó de flores los jardines. Creó los mares y los ríos, las montañas. Disipó la niebla y volvió y regresó el brillo del sol. Los viejos poemas no volvieron, pero no hizo falta, nacerán otros nuevos pues he aprendido que no hace falta poema mientras exista la poesía. Mientras la canción de la vida no deje de sonar en tus manantiales más profundos.

Porque siempre ha estado ahí cuando todo falla. Porque nunca se marchó. Porque regresar a la esencia es acariciar la vida.

Canta tu canción y no dejes que otros la canten por ti porque sólo tú serás capaz de escucharla y entenderla.

Tu voz es perfecta. Siempre lo ha sido. Puedes hacerlo. Sabes hacerlo.

Aunque no sepas cómo.

A fin de cuentas no hace falta entender la música para disfrutarla.

Song for sunshine by Indiae


NOTA: Escrito tras mi participación en el taller "El camino del ser creativo y el reencuentro con nuestra esencia" de la escuela ImproVersa. Trabajo necesario y esclarecedor para todo artista que se exponga continuamente al juicio ajeno.

25 de junio de 2017

Esencia

Quiero construir una isla en mi interior a la que acudir cuando me sienta perdido. Una isla que sólo yo conozca y a la que sólo llegue la espuma de lo que yo permita, donde la paz venza el ruido que precipita con estrépito mi cordura.

Allí vería amanecer y atardecer cada día, dejando que las olas acariciasen mis tobillos y fluiría con el agua como fluyen los pájaros en el viento. Necesito construir un espacio puro en el que brillen las estrellas, necesito observar los astros, aprender a hablar el lenguaje del firmamento. Sería bello, tumbarme durante horas en la arena con las manos detrás de la cabeza y dejar que los pensamientos me visiten, como sabios venidos de otra época mostrando caminos entre la maleza.

Necesito una isla sin lobos ni serpientes venenosas, en la que poder pasear tranquilo sin la incertidumbre del miedo. Una isla en la que luzca fuerte el sol incluso cuando llueva, y en la que la luna salga cada noche a teñir el mar de blanco. Una isla sin jueces, sin leyes, sin supervivencias ni limitaciones de ningún tipo. Una isla que sea corazón y que lata al compás de cada uno de mis pasos.

Una isla que refugie al niño que todavía me brinca dentro, que no permita que se muera de pena porque el adulto se traicionó ya en demasiadas ocasiones. Una isla llena de flores y jardines que nadie pueda pisotear. Donde vuelen libres cientos de mariposas que nadie va a atrapar nunca.

Quiero una isla eterna, sensible, elemental, natural, conectada, ingrávida, apasionada.

Una isla que sea casa y hogar.

Y desde allí, dedicarme a crear mundos.

Island On The Tortoise by FarokOmar

14 de mayo de 2017

Construir

Intenta construir cuando las flores amanezcan pisoteadas en tu jardín, siembra de nuevo, riega. Ten paciencia. No todos saben respetar tu planeta porque ni siquiera lo entienden, es común sentir miedo por todo aquello que no se comprende. Y el miedo aboca a la destrucción.

Intenta construir cuando el rencor y los ataques gratuitos se vuelvan contra tu persona. Cuando la lava de sus volcanes cubra todas tus islas. Cuando tengas que salir corriendo para poder salvarte. Y perdona.

Construye cuando te falten manos apoyándote y nadie crea en tus proyectos. Cuando quién traía viento te traicione y sólo queden tempestades. Construye refugios anti-huracanes y no dejes que el caos contamine tus raíces.

Construye despacio. Desde la esencia. Y aparta todo lo que no construya contigo. Abraza el mapa de tu cosmos. Vuelve a sentir que el niño que llevas dentro se vuelve loco por pintar, que el mundo es un lienzo azul enorme y sólo hay que tocarlo con los dedos para que aparezcan estrellas.

Construye y no destruyas. Porque eso siempre te ha diferenciado del resto.

Ten seguro que siempre habrá alguien que quiera destruir lo que construyas. Pero sonríe, porque cuando edificas fuerte y convencido, no hay terremoto posible que pueda destruir tus ciudades.

Y siente.

Porque no sabes vivir de otra manera.

Play time's over, the sky is getting darker by XanTheRowland

7 de mayo de 2017

Estrellas

A veces busco en el silencio respuesta a todas mis preguntas y miro con nostalgia hacia el cielo buscando todo eso que ya no existe, que se ha desvanecido para siempre, que ya no es físico sino etéreo e inalcanzable.

Siempre pensé que lo que se marcha nunca lo hace del todo. Que cada vez que se acaba la arena de un reloj una nueva estrella en el cielo aparece y que es así como se construye el universo.

Me gusta creer que hay astros ahí arriba que nos vigilan de cerca, que cuidan nuestros pasos, incluso los maltrechos y los que damos sin ganas. No puedo estar seguro, pero juraría que en ocasiones también nos empujan cuando nos detenemos.

Yo sé que para ti también hay estrellas ahí arriba, y que te miran felices porque agitas tus alas con bravura y desafías las leyes de la naturaleza. Que te cantan nanas cada noche y abrazan tu cuerpo cansado cuando lo agitan las tormentas. Lo sé porque a veces tus ojos reflejan su brillo.

Quiero pensar que yo también puedo captar ese brillo y que sabré qué hacer con la luz. Que lucharé para que las sombras que ahora me aprietan el pecho no lleguen a golpearme en el centro. Y que me dejaré guiar, aunque a veces me empeñe en caminar por las zonas más difíciles.

Y abro los brazos al viento y cierro los ojos. Para sentir la brisa, para captar la energía que otros nos dejaron. Para ser parte de un todo y no de la nada más absoluta. Para conseguir llenar el vacío que siempre tengo en el estómago y conseguir, yo también, pintar estrellas en ese cielo azul que tanto nos mira.

Space witch by Kathechareun

12 de marzo de 2017

Miedos azules en tus ojos

Ahora anidan miedos azules en tus ojos y tratas de disimular para que nadie descubra tu flaqueza. Tú, que antes lo podías todo y ahora no sabes por dónde asir los días que se te presentan y que te arrebatan segundo a segundo el tiempo de vida que te resta.

Dices que no sabes luchar contra el viento. Que por más que te esfuerzas siempre hay una ráfaga, una ventisca, que consigue tumbarte. Y miras los pájaros preguntándote cómo diablos harán ellos para elevarse y para aprovechar su fuerza. Y te maldices, porque ellos no se cuestionan el porqué de nada.

No sabes cómo has llegado hasta aquí, pero lo has hecho. Has caminado kilómetros y kilómetros de desierto, combatido la sed extrema y aun así eres capaz de decir que no sirves, que no vales, que tu planeta no es este y que pronto encontrarás la forma de escapar de él.

Y te convences de que no quedan salidas ni sitio para ti. Que quemaron tu destino y que tu última esperanza tomó el tren de las diez y cuarto. Y lloras. Y nadie entiende tus lágrimas.

Tratas a la desesperada y a toda costa de huir de ti. Y crees que lo consigues. Pero no puedes. Y eso te frustra. No aguantas la imagen que devuelve el espejo y deseas otras vidas donde ser todo eso que anhelas. Y respiras. Respiras lento. Y es en tu respiración donde la vida empieza, pero no te das cuenta.

Y te asaltan monstruos olvidados, con rostros que conoces bien, que te gritan, que quieren verte caer, que te piden que te rindas, que abandones, que lo dejes todo ya. Y durante un instante hasta tirar la toalla parece una opción.

Pero hay una fuerza inexplicable en tu seno. Que se clava al suelo de tus centros para no salir volando en la tormenta, que te acaricia, que te pide que aguantes y que todo pasará. Que aprieta los dientes y saca las uñas a lo que amenaza.

Y sólo cuando dejes de escapar de ti y aceptes que sigues siendo la misma persona que lo podía todo, encontrarás paz y consuelo y empezarás a volar de nuevo.

Eyes by Kate Ellen

11 de diciembre de 2016

Decálogo para mantener la esencia

Escribir como si la vida se te escapase por los poros.
Como si existieran formas de salvarse que no pasaran por unos labios.

Escribir aunque amenace tormenta y no haya más que nubes a tu alrededor.
Como si fuera necesario que tu lluvia pueble los jardines.

Escribir hasta que te tiemblen las piernas.
Hasta que tu estómago sea un terremoto de emociones.

Escribir para callar el ruido atronador de tus pájaros escondidos.
Para gritar en balcones de todas esas calles sin nombre.

Escribir para acariciar la derrota antes de darle muerte.
Para mirar a los ojos al fracaso y escupir en sus almenas.

Escribir para que suenen todas las canciones que nadie ha compuesto.
Para que sean banda sonora de tus pasos.

Escribir para que el invierno no te hiele por dentro.
Para que el verano no derrita tu esencia.

Escribir para escapar de los miedos que te atenazan.
Para encontrar el paracaídas antes del salto.

Escribir para encontrarse con lo que fuiste y has sido.
Para saber quién eres ahora.

Escribir para contar tu historia.
Para que otros formen parte de ella.

Escribir para librarse de lo que pesa.
Como si hiciera falta que el globo se elevase.

Escribir aunque otros te digan que no puedes hacerlo.
Y reírte mientras se llevan las manos a la cabeza.

Escribir para ser y para estar.
Para viajar lejos y que se despierten los sueños en tu cabeza.

Escribir porque te nace.
Porque te respetas.

Y sobre todo, escribir.
Y sentir que escribir es lo que necesitas.

Writing on windows by Lissie

*Puedes reemplazar la palabra "escribir" por aquello que más te gusta hacer en la vida, que te llena y que te hace feliz.

27 de noviembre de 2016

La derrota

Tal vez la derrota no sea más que el principio de la victoria, porque es cierto que caerse de espaldas es otra manera de mirar el cielo.

Es cierto que te has acostumbrado a perder, quizás demasiado a menudo: a perder amistades, a perder parejas, a perder oportunidades y a esperar, a esperar de todo y todos, pidiendo cuentas a la vida sin preguntarte si ella te las ha pedido a ti alguna vez. Y confías en los ojalá, en la suerte del cambio y en que el viento soplará mañana hacia otro lado. Pero acostumbrarse a perder es resignarse y de la resignación nace la tristeza. Sigues creyendo que ya habrá algo que sea para ti, en alguna parte, que hay algo escrito, pero es absurdo, porque no conozco a nadie que crea en el destino que no mire antes de cruzar la calle. 

Sospechas que tus mantras y frases hechas no son más que una manera de evitar tomar las riendas, pero no conoces otra forma de sobrevivir en un ambiente cada vez más enrarecido y que cada vez te causa más desasosiego.

Se va inflar el globo cada vez más y más y querrá estallar. Lo evitarás un par de veces pero al final del estallido va a surgir la paz.

Costará reconstruirse, al principio ni siquiera sabrás por dónde empezar, pero será maravilloso dejar de leer la historia para empezar a escribirla. Encontrar fuerza suficiente para borrar a los personajes que te estorban y encauzar la trama hacia el lugar que deseas.

No será como empezar de cero, nunca se vuelve al inicio. No te dejes engañar por los que aseguran que es posible. Será una continuación, apasionante, con ritmo, acompasada y alineada con tu corazón y cabeza.

Y entonces, solo entonces podrás empezar a vivir la vida que quieres y no la que otros pensaron para ti.

Y dejarás de ver la derrota como un fracaso y te veremos sonreír desde el suelo cada vez que te tropieces.

Defeated by Mathieu Degrotte

9 de octubre de 2016

Ojos que brillan

Dices que nadie te mira como lo hacía él. Y tal vez tengas razón.

Lo sé porque yo viví también algo parecido. Una vez me miraron con ese destello, un brillo de ojos que podía dejarte ciego y que te arrancaba uno a uno los pétalos de la planta que crece en el estómago.

Siempre he creído que ese brillo fue la mayor de mis condenas y el peor de los pecados que no cometí, porque desde entonces siempre he caminado en su búsqueda, sin llegar a encontrarlo nunca. Si he de ser sincero, ni una sola de las personas que he conocido han sido capaces de emitir ese brillo al mirarme. Ni una sola. Ni tan siquiera parecido. Y he enloquecido creyendo que ese brillo que dejé escapar una vez sería el único brillo posible para alumbrar mi gastada y antigua oscuridad.

Con los años, uno deja de negar que tiende a la nostalgia, y la mía, que he ido modelando como moldea el alfarero el barro fresco, no tiene ninguna forma, pero brilla como una estrella encerrada en el bote de mi memoria, esperando ser liberada en algún firmamento. Y mientras tanto, me he ido llenando de tristeza a cada paso, creyendo que esta iba a ser, una vez más, una batalla perdida.

Y entonces te conocí.

Y tus ojos no brillaban.

Y no pasó nada, no hubo cristales rotos ni ruido de trenes chocando. Una extraña calma me llenó de paz y, aunque no fui consciente en ese momento, estaba brillando yo.

Alguien me dijo una vez que nadie brilla tanto como pensamos, que a veces es sólo nuestro reflejo en los ojos de la otra persona. Y tal vez tuviera razón. Tal vez ese haz de luz que buscaba era mi propio brillo. Mi pequeño big-bang.

Y hoy comprendo que eso es lo único importante. Clavar tu mirada en la mirada de alguien y de golpe brillar por dentro. Que se te ilumine la sonrisa, que el estómago se te voltee de golpe y te tiemblen las piernas.

Ya no necesito un bote con una luz en la memoria. Así que lo he roto. Y de la caída ha surgido una nueva luz que me acompaña cada día. Una pequeña certeza, un soplo de aire fresco.

Quizás, tu paz.

Quizás, mi paz.

The eye by LFJ

6 de diciembre de 2015

Decisiones

Si hace unos meses hubiera tenido la fuerza que tengo ahora, con toda probabilidad no habría permitido que el brillo de tus ojos me cegase. Sobre todo ahora que dudo si realmente brillaban, o era sólo el reflejo de los míos.

Caminar da sabiduría, pero me es inevitable maldecirme cuando he creado vínculos costosos y kilométricos, que ahora me obligan a pagar unas facturas tan terribles, que me dejan las horas en números rojos. Supongo que es cuestión de calma, aunque por lo que recuerdo nunca he conocido del todo esa palabra, he preferido vivir en huracanes y terremotos, vadeando personalidades tan arrolladoras que me dejaban sin aire y aliento.

Lo mejor (o lo peor según se mire) es que no me arrepiento lo más mínimo de haberme entregado, de haber apostado todo al viento que levantabas al andar y que pensé podría hacernos levantar el vuelo. Me equivoqué, pues había olvidado que ya soy capaz de elevarme sin necesidad de que nadie me ayude y, eso hizo que me mantuviera anclado a ti. Por horroroso que esto suene.

Pero así son las cosas, tú tomaste la decisión, no sé cuál pero una, y yo empecé a ahogar el olvido en cerveza, no sé cuál, pero alguno. Y no debe estarme funcionando una mierda, porque lo único que he conseguido es un historial de jaquecas horrible y las notas del móvil llenas de reflexiones absurdas, que no recuerdo haber escrito, con las que ni siquiera estoy de acuerdo. Aunque eso tampoco es raro, porque tiendo a contradecir lo que pienso de un día para otro. Soy un caso digno de estudio.

Aunque no lo parezca sigo adelante, con pocas ganas de hablar, pero sin embargo, conociendo personas cada día. Algunas de esas personas me están dejando roto con la luz que desprende su esencia, ya que ni siquiera me fijo en otra cosa, y estoy aprendiendo mucho de mí mismo viéndome a través de los demás y, meciéndome en una soledad interna tan buscada como necesaria.

Pero confieso que me siento un poco perdido. Que no tengo planeado mi siguiente paso y que a veces dudo si el rumbo que estoy llevando me conducirá a algún sitio. Dudo también de tener la fuerza necesaria para seguir rompiendo las cadenas de esta insatisfacción vital que de un tiempo a esta parte me acompaña. Dudo. Como si el dudar se hubiera convertido en un verbo clave en mi existencia.

Pero dudar, tal vez, me esté llevando a plantearme cosas que antes me pasaban de largo y que son la cura, a esas heridas que tengo abiertas, por no saber despedirme a tiempo.

O por no querer.

O no poder.

Yo que sé…

Doubt by David Schermann

INFO: El sábado 12 de diciembre daré mi último recital del año en Galapagar. Más información en la sección de eventos.

29 de noviembre de 2015

Destiempo

Siempre he tenido la extraña sensación de llegar a destiempo y con el pie cambiado. Esto me hace encontrar huecos donde anido a medias, donde estoy de paso, donde ahora sol pero mañana luna. Un constante vaivén de emociones y sentimientos que me obligan a reciclarme una y otra vez.

Sostengo la ilusión en una mano sin darme cuenta de la fragilidad que encierra, me dedico a hacer malabares con ella y la lanzo al aire esperando atraparla de nuevo. Lo que pasa es que me distraigo con el vuelo de una mosca y sucede que de cada cuatro veces, tres, se me cae al suelo.

De todo se aprende y sé que soy de los que se reconstruyen de sus ruinas, aunque a veces no sepa ni dónde tengo las fuerzas. La adaptación es una palabra que me define, de la adaptación llega la supervivencia, y otra cosa no, pero sobrevivir es algo que se me da de puta madre.

Pero tengo miedo. Un miedo terrible a que la realidad no sea más que una ilusión que tengo en la mente. A que las realidades de otros no coincidan con la mía. A llegar tarde una vez más. A que el lobo me gane la partida y se beba hasta la última gota de mi esencia.

Y así camino ahora. Sin saber muy bien la hora que marcan los relojes ni si el tic-tac que me dejó tu marcha es una señal de que el tiempo sigue corriendo, o de que se agotan los segundos para que estalle la bomba que llevo en el pecho.

Si eso pasa espero que no te pille cerca, que no te salpiquen los restos de mi derrota sobre la cara. Que no tengas que ver como pierdo la capacidad de entregarme al doscientos por cien de mis posibilidades. Tú no.

Pero tal vez eso no pase y suceda que antes de terminar de leer este texto, te imagines conmigo entre las sábanas, hablando de un cosmos que no entendemos pero que se nos escapa de las manos y, serán esas mismas manos con las que recorreré el mapa de estrellas de tu espalda para que sientas que por fin alguien traza rutas en tu galaxia. Yo ya me lo imagino a diario, aunque otras veces me den ganas de hacer las maletas y escapar, cambiarme de nombre, de cara, de pelo y comenzar a vivir otra vida, tal vez una en la que no haya relojes de arena y siempre llegue pronto. Aunque deduzco que odias las despedidas y que yo no soy de los que quieren despedirse de ti.

Mientras tanto seguiré desafiando mis vaivenes y puede que me encuentres bebiendo cerveza en algún bar, con cara de no tener prisa aunque madrugue al día siguiente mientras espero que mi tiempo, se mezcle con el tuyo.

Pronto o tarde.

Y qué más da.

Hope over torture by Alberto

INFO: El sábado 5 de diciembre vuelvo a casa con #pasaporte y recito en Madrid. Más información en la sección de eventos.

22 de noviembre de 2015

Mi profundidad

Mi profundidad es un caimán con ojos color nube. No te asustes si a veces sus fauces parecen querer engullirlo todo y otras, se disuelven como el humo al querer morder y no abarcan nada.

No se muestra con facilidad, está llena de telones y muros, barreras y puntos de control. Mi profundidad es un billete directo a la locura y sólo puede viajarse en apnea y a la velocidad del sonido.

Se preocupa de estar abriendo demasiado la puerta a desconocidos que no me aportan nada, esperando que tal vez, consigan tocar alguna de mis fibras, con la esperanza, más bien remota, de que su profundidad pueda conjugarse con la mía, aunque mi profundidad sea egoísta y no entienda de iguales y se ponga la sonrisa como máscara para salvarme de la muerte.

Mi profundidad es un niño travieso con zapatos nuevos, que salta en los charcos y no entiende de broncas, que espera que alguien lo tome de la mano y siga su juego. Un niño con una infancia no resuelta que se niega a abandonar la esperanza y construye en la ilusión su fortaleza.

Mi profundidad no sabe de superficies, no mira tu escote, tu culo, ni si te has cambiado de peinado, mi profundidad no se queda con la alegría fácil de domingo, siempre va más allá porque juega en otra liga, vuela en otras tempestades y considera lo invisible el mayor de los tesoros.

No entiende la traición, ni el porqué de personas que se alejan, y llora. Y trata de que yo llore también para sentirse menos sola. Más en calma. Menos profunda. Y me pregunta que qué sé del amor, y le digo que no mucho. Y se echa a reír. Y yo río con ella.

Mi profundidad sólo espera que alguien un día la invite a un café o una cerveza, y le diga: “tranquila, el barro no es tan malo como parece, todos sufrimos decepciones a diario”. Aunque esperar sea ya de por sí demasiado y nadie esté nunca para sumergirse en las aguas de otro.

A veces es condena, pero no trato de desprenderme de ella, porque también amansa la fiera que tengo en la cabeza y dirige el ejército que me estalla en el pecho. Mi profundidad es una brújula con cinco nortes y no sé a cuál hacer caso.

Mi profundidad me grita: “márchate, abandona de una vez esta farsa, ya no hay nada que hacer, has intentado ser habitante y has fracasado. Desenamórate, desenráizate, empieza de cero” pero también me grita “quédate, sigue avanzando, arrolla lo que se te ponga por delante y sigue construyendo”.

Mi profundidad no existe. Y existe todo el rato. Mi profundidad soy yo. Y no soy yo.

Y tú, preguntando los porqués de lo profundo.

Y yo, que me he quedado sin respuestas.

A flicker of hope by Edwin Álvarez

9 de noviembre de 2015

Mi miedo

Confieso que hay días en que yo también me derrumbo y paso de imaginar futuros. En esos momentos trato de aferrarme al ahora, de quedarme con la inmensa cantidad de sensaciones positivas que transmites, pero tengo miedo.

Podría empezar diciendo que a mí también me han roto el corazón y que en ocasiones me asalta la duda de si me quedará algún pedazo que pueda entregar, de si podré enamorarme de nuevo o de si lo único que hago es entregarlo todo por el propio miedo que tengo a dejar de sentir. En algo hay que creer y soy una persona que suele creer en sus apuestas, por disparatadas y fuera de toda lógica que parezcan. Y a mí, en estos momentos, me gusta creer en ti. Aunque seas nitroglicerina pura y tema tu estallido, aunque tengas un huracán arrasando tu cabeza.

He aprendido que depositar expectativas en alguien conlleva un riesgo elevado, pero el que no arriesga no gana, y aunque siento que he perdido más veces de las que me merecía, también siento que he crecido con cada riesgo que he asumido. Y qué diablos, no se vivir fuera del riesgo constante porque me he acostumbrado a caminar sobre el alambre y a encontrar ahí mi equilibrio.

La paciencia no es una de mis virtudes, supongo que porque mi corazón funciona a un ritmo que cuadruplica la velocidad de mi cabeza y aunque la mente me diga: quieto, algo me trota dentro. Y a veces quiero correr para escapar de mis propios fantasmas enfrentándolos a los tuyos. Curar tus puñaladas con saliva. Y otras veces lo único que quiero es olvidarme de todo y desaparecer, dejar atrás mis naves y que ardan si tienen que arder.

Y no sé a qué parte de mí debo hacerle caso. Si a la que me dice que todo marcha bien y cada paso que doy es acertado o la que me está pidiendo a gritos que deje de acercarme al borde del abismo, la misma que me pide que deje de escribir de una vez por todas y de mostrar mis cartas a cada rato.

Supongo que tener miedo no me hace cobarde, pero vaya vorágine de sensaciones tengo en el pecho, cambiando continuamente entre las mariposas y la ansiedad.

Puede que lo único que suceda es que estoy vivo. Y que no reconozco abiertamente que no conozco otra manera de vivir que no sea enamorándome y dando todo lo que haya que dar. Por miedo a una derrota que por momentos parece inminente o tal vez, por miedo a una victoria que cada vez siento más cerca.

Miedo azul by Alberto

12 de octubre de 2015

Volar

Tú no lo sabes, pero cuando estoy roto por dentro me acerco a un aeródromo que hay cerca de mi casa y veo aterrizar aviones. Puedo pasarme horas observando sus aproximaciones a pista, como van descendiendo poco a poco hasta tocar tierra. Es algo que me relaja mucho, durante ese tiempo puedo evadirme del amasijo de hierros que es mi cabeza y ser viento.

Supongo que se me ha ido de las manos todo eso de volar y ser pájaro. Toda esa parafernalia de las alas con que me empeño en maquillar todos mis poemas. Hasta hace bien poco me asaltaba cada noche un sueño recurrente en el que volaba por la ciudad pero no era capaz de controlar mi vuelo, como una especie de superhéroe torpe y absurdo que ha descubierto un poder que le viene extremadamente grande. Ahora ese sueño no me viene y puede sonar ridículo pero estoy triste por ello, porque aunque fuera de aquella manera, podía volar. En ocasiones me siento un niño de ojos grandes que se queda embobado mirando el cielo, que alucina con la posibilidad de surcar ráfagas, que quiere ser paloma pero también globo, lo mismo zepelín que halcón y no llega ni a brisa.

Quién sabe. Existe la posibilidad de que todo esto sólo sea un reflejo inequívoco de cómo siento que manejo mi vida. De los rumbos que no he controlado, de las decisiones que me han llevado a no despegar por miedo al aterrizaje forzoso. Al golpe contra el suelo. Es cierto que siempre que he volado, he llorado de la emoción porque estaba volando y después me he estrellado porque no tenía ni idea de cómo mantenerme en vuelo.

Trato de hacer memoria buscando respuestas, busco el hilo de mi cicatriz primigenia, el porqué de esta tristeza de mantenerme en tierra. Los porqués del miedo a dejarme llevar. Pero es cansado. Triste y cansado. Porque cuanto más me adentro en las profundidades abisales de mi nostalgia más cuenta me doy de lo lejos que estoy de encontrar un manual de instrucciones para el vuelo que tal vez ni siquiera exista.

Ojalá alguien pueda explicarme lo siguiente: ¿Por qué me sentía tan arriba estando a su lado aunque jamás haya levantado más de 1,75 metros sobre el suelo? ¿Por qué ahora ya nada me parece tan azul como antes? ¿Por qué ya ni siquiera sueño que vuelo? ¿Por qué huyo de los pájaros y les bajo la persiana para no verlos? Me irrita pensar que tal vez estoy perdiendo parte de esa locura que siempre me ha caracterizado y que esta nueva cordura de estar solo, comienza a sumirme en una tremenda normalidad que odio y contra la que lanzo piedras.

Y así comienza un nuevo capítulo en mi vida. Viendo aterrizar aviones. Sintiéndome roto por dentro y preguntándome una y otra vez si no estaré volviendo a las andadas y dejando que el fantasma de la lástima se quede a dormir.


13 de septiembre de 2015

Petarlo

Hay gente que se pasa la vida trazando planes para "petarlo". Yo nunca he entendido muy bien el concepto, puede ser porque lo único que quiero que “pete” es mi pecho por dentro cada vez que escribo.

Busco encontrarme con un texto que haga saltar la chispa y me abrase, que haga que mi corazón quiera salirse del pecho, que me estallen en la cabeza los gritos ahogados del silencio y las frases mudas que jamás fui capaz de construir.

Darme de bruces con un relato capaz de cantarme en su idioma de letras y signos de puntuación, encontrar como flotando a la deriva las palabras, esas palabras que me hagan estremecerme y quemarme, las palabras que lo digan todo, que lleven lo que soy y se lleven todo a lo que nunca he querido parecerme. Que dibujen mi contorno y me sitúen, que sean capaces de dar color a mi escala de grises.

Vivo en esa búsqueda constante alejándome de lo superficial, de todo lo que no me arañe dentro, de lo que no sea capaz de escarbar mi coraza, de erizarme el vello y de estremecerme. No es algo fácil de llevar, tampoco de explicar. Tal vez sea un acto camuflado de auto exigencia, o tal vez la búsqueda de uno mismo. Llegar a conocer la altura exacta de mi tristeza y la profundidad de mi vacío (sabiendo que la respuesta a una pregunta no formulada a veces es la peor de las condenas). Encontrar sentido a la tinta que creo está fluyendo cada vez con más fuerza por mis venas y evitar que llegue a coagularse.

Me preocupa no sentir, me preocupa no plasmar. Perder la capacidad de convertir el mundo que ven mis ojos en una historia, por eso, supongo, no pierdo el tiempo intentando “petarlo”, estoy demasiado ocupado haciendo que sea mi mundo el que “pete” y arrase conmigo de una vez por todas.


Explosion in the sky by Alexandre Deschaumes

6 de septiembre de 2015

Hermetismo

Nadie elige ser hermético, aunque supongo que con el paso de los años y unas determinadas circunstancias más o menos atenuantes vas desarrollándolo con mayor profundidad. Poco a poco se te va clavando en la piel hasta que florece y llega un momento en que se hace herida y como todas las heridas: duele.

Mis primeros recuerdos de infancia están marcados por el “¿por qué eres tan callado?” y los “este niño no habla nada” que no hacían otra cosa que hacerme sentir una profunda vergüenza de mí mismo y de ese “defecto” que los demás empezaban a recalcarme.

Siempre fui de pocos amigos. Mis primeros años de patio de colegio los pasé escapando de los tres aspirantes a matón que tenían aterrorizada a media primaria y con los que nadie quería tener problemas. Así que después de un par de coscorrones desafortunados empecé a convertirme en un maestro del despiste y el camuflaje y aprendí a pasar totalmente desapercibido, lo cual conllevaba horas de estar totalmente a solas observando y analizando lo que sucedía a mi alrededor, sintiéndome  terriblemente defectuoso; terminé por llegar a la conclusión de que cuanto menos supieran de mí, menos daño podrían hacerme y con esa idea fuertemente arraigada en mi ser, crecí.

Mi paso por el instituto no fue fácil, mis conversaciones con los demás se limitaban a temas sin profundidad en los que yo llegaba a conocer mucho más de ellos de lo que podían conocer de mí. Mis tiempos eran más lentos, por algún motivo al que yo no encontraba explicación.

Siempre hubo personas dispuestas a respetar esos tiempos, no muchas pero las hubo, a las que no importó adentrarse poco a poco en las profundidades de mi abismo. Con paciencia llegaban a conocerme más que el resto aunque en ocasiones se frustrasen y desesperasen. El problema de que dieran con la llave de mi centro es que cualquier paso en falso los terminaba sacando de mi vida de forma automática y radical. Reconozco que no de una forma justa, más bien como parte de un mecanismo incontrolado y no intencionado, como si un método ancestral de defensa estuviera insertado en mi sino.

Pero es increíble la capacidad humana para recomponerse. Para edificar encima de las ruinas y seguir manteniendo a flote el barco. Es increíble la fuerza que uno saca sin saber de dónde la está sacando y que le lleva a avanzar a toda costa. Aunque ni siquiera sepas hacia dónde estás avanzado y ni siquiera tengas claro que quieres avanzar.

Todo esto lo descubrí con los años, buceando en mi propio interior, abriendo puertas a las que ni siquiera yo tenía acceso y que había ido bloqueando tiempo atrás. No podéis ni imaginar cuanto dolor enterrado encuentras cuando tu hermetismo es tan grande que ni siquiera alcanzas a ver la profundidad del fondo. Cuando ni tú mismo has sido capaz de nadar en tus aguas por miedo a hacerte daño. Por miedo a encontrar un monstruo.

Por eso es difícil conocerme. Por eso soy una persona esquiva que rehúye las distancias cortas. Que escapa de las aglomeraciones y que llora más de lo que aparenta. Que escribe porque no tiene fuerzas para hablar. Que no sabe gritar “quédate” aunque mi interior me lo pida a voces.

Y aunque con el tiempo haya amueblado un hall para invitados, bien sé que llegará un momento en que mi cuerpo dirá “hasta aquí” y no haya acceso a nada más. Sé que soy hermético como un bote de conservas que se niega a abrirse, por si cuando la tapa ceda, alguien descubre que el interior está podrido.

O tal vez deba permitir que llegue ese momento. Para que así pueda escapar ese niño que se escondía y salía corriendo y se lleve de una vez por todas tanto dolor.

Zipper by John Berd

20 de abril de 2015

Consuelos a medianoche

Ya no sirvo para esto. Una entrada a la semana, ¡pero qué disparate!, si al final todas acaban diciendo lo mismo: que te echo de menos pero que no me acuerdo tanto cuando estoy con otras. Qué contradicción. Viva el hombre sincero, vivan mis ganas de dejarte claro que no eres tú la que me hace escribir cada línea, la que me lleva a subirme a cada escenario, viva esta derrota interna que quiero convertir en toda costa a victoria.

Al final obtengo lo de siempre. Silencio. El más puro y atroz de los silencios. He aprendido a escuchar su música, a navegar por la quietud y mira qué curioso, me atrona más que nunca. Me grita una y otra vez que no, que ni siquiera piensas un segundo en mi forma de pensarte.

Y qué putada. Qué grandísima putada quererte tanto. Pensar que estarás retozando con otros mientras yo retozo con otras y el mundo gira. Pues que gire. Y que la hipocresía siga engrandeciendo mis libretas y mis líneas sigan diciendo: no te pienso, pero joder, vete ya de mi cabeza.

No si al final voy a ser sincero y todo. Voy a escupir lo que llevo dentro para que ni siquiera te pares un segundo a leerlo, para que este blog se siga tiñendo del dibujo de la espalda que no acaricio y del tacto de una piel que ni siquiera sé a lo que sabe. Estoy por cambiarle el nombre y todo, llamarlo por ejemplo “yo te quiero y tú pasas de mí” o “ven aquí que yo te espero”, nombres mucho menos poéticos que mi utopía pero tristemente más certeros.

Hasta has conseguido desahuciar la palabra “pájaro” de lo que escribo, incluso la palabra “viento” y eso son palabras mayores, tanto que ya no sé si tiene sentido seguir juntando letras. No escribo nada bueno desde que terminé aquello que hablaba de nosotros. De un nosotros anémico y con caries, pero un nosotros que me hacía tener esperanza de que volver a sentir era posible.

Y ya ves. Ahora camino sin rumbo. Estrellándome noche sí y noche también. Y deseando con todas mis fuerzas que por una vez leas esto y algo se te revuelva dentro.

Aunque no sé si eso me sirve de consuelo.

Hands by Bogumil Strzalka

12 de abril de 2015

Carta para un centenario

Mañana cumplirías cien años y la familia celebraría la proeza. Alguna arruga se dibujaría en tu rostro cansado y mirarías el hueco ausente de tus manos, justo allí donde deberían estar los dedos que perdiste en aquellos años de guerra.

Me gustaría verte ahora sonriendo y girando la cabeza, clavando tu pupila en el infinito, tan tranquilo como sabio.

¿Sabes? Al final cumplí mi sueño tras tanto tropiezo. Voy a publicar un libro. Una cosa de locos. Algunos poemas que me arranqué desde dentro, que sangraron e hirieron mis centros, que escupí por necesidad y cobardía. Seguro que dirías que por fin le puedo sacar algún uso a la guitarra aparte que el de adornar la habitación. Me gustaría pensar que también estarías orgulloso. Aunque probablemente seguiré sin un euro en los bolsillos pero con dos millones más de acciones en sonrisas.

A veces me entra la tristeza de repente y nada ni nadie puede acallarla. Supongo que porque te echo en falta. No termino de aceptar que no estarás allí cuando yo me suba al escenario y se apaguen las luces, cuando más necesite saberte cerca.

Muchas cosas han cambiado desde que te marchaste. Creo que soy mejor persona y me siento más en paz. Mi trabajo me ha costado. He abandonado la comodidad de la derrota y he pasado a ganar pulso a pulso cada batalla. Alguna persona ha pasado por mi vida en estos meses y cada vez tengo menos miedo a otra herida. Las que me quedaron dentro en otros combates empiezan a cicatrizar.

Pero sin embargo siento que necesito reconstruirme, que mi camino ha de tomar otros rumbos, mis letras teñirse de otro color y aspecto. No sé cómo lo voy a hacer pero lo haré. Confieso que de un tiempo a esta parte siento un miedo terrible a la página en blanco, a no saber rellenarla, a que no me guste lo que escribo. Y la consecuencia más inmediata es que he dejado de escribir tanto como antes. ¿Un descanso? ¿Un cierre definitivo por derribo? Me he planteado todas y cada una de las opciones posibles y todavía no sé cuál será más dolorosa o curativa.

Necesitaba escribirte para decirte que hoy una vela llenará tu ausencia y alumbrará mi pequeño mundo. Para que te lleguen estas palabras. Para que sigas siendo infinito y definitivo por siempre en mi memoria.

Aunque no estés.

Aunque la muerte me haga sentir como un pájaro herido.

Bird at Sunrise by Liia

8 de febrero de 2015

Formas de pensar en ti

Qué cansado es pensar en ti, de verdad, qué cansado. Todo el día dando vueltas en mi cabeza, sonriendo con ese blanco polar tipo dentadura de anuncio, todo el día tentándome a caer en las mieles de tu cuerpo y en esas colmenas que llevas en el pecho, aunque todavía no vi abejas rondando pero estoy seguro que si me acercara saldría aguijoneado.

Cómo escribo yo ahora esto. Cómo reflejo en un papel lo que te echo de menos, las ganas que tengo de ser verdaderamente libre para aparecer en la puerta de tu portal provocando un atasco de medio kilómetro, tocando el claxon como un loco, subiendo el volumen de la radio mientras Sabina canta aquello del Bulevard y viene la municipal a ponerme el multazo del siglo mientras tú bajas y me dices "¿de verdad hace falta dar tanto la nota", y yo te respondo que sí, que es absolutamente necesario.

Qué putada amanecer sin ti. No sé lo que me pierdo. Qué putada que amanezcas sin mí. No sabes lo que te pierdes. Aunque de perdernos tenemos un máster y podríamos dar conferencias, sabemos desaparecer como si fuéramos campeones del mundo en escapadas. Se nos da bien fingir que no nos necesitamos y que podemos encontrar otros brazos que nos consuelen. Tal vez hasta tengamos un poco de razón.

Sigo con mi vida pero el metro me cansa, ya ves que si me cansa, me cansa el trabajo, me cansa lo que escribo, me cansa pensarte tanto, me cansa no pensarte tanto, me cansas, joder. Vaya lío de gorriones tengo en la cabeza. Vaya nostalgia azul y versitriste. No hay cerveza suficiente para ahogarme.

Será que ya he cumplido veintiocho, aunque si te soy sincero me siento igual que con veintisiete. Ni más sabio ni más nada. Igual. Sigo desayunado en tu taza. Sigo riéndome de mis chistes y ocurrencias. Sigo creyendo que las letras me salvarán y que algún día vendrás con las orejas gachas pidiendo auxilio. Y que yo estaré lejos cuando eso ocurra, como poco en la tercera nube.

Ni siquiera sé para qué te dejo las señas si no vas a venir a buscarme. Si no vas a estrellar tu cuerpo contra el mío. Ni tampoco sé para que te grito todo esto si en realidad yo tampoco voy a hacerlo.

Tal vez sea mi forma de liberar este torbellino de ideas que me asalta cada noche, de dejar que vueles y de volar contigo.

Desde luego, tengo una forma muy extraña de volar.

thINK by Marek

NOTA: Últimamente dispongo de muy poco tiempo para comentar los blogs que sigo o para devolver los comentarios. Ruego sepáis disculparme, os agradezco enormemente que sigáis leyéndome y comentándome, os sigo leyendo desde la sombra, en cuanto pueda dejaré huella. Abrazos.

30 de noviembre de 2014

El lobo

Hasta que no te enfrentas al miedo no sabes de la monstruosidad que ocultan sus fauces. No puedes ni imaginar su pelaje oscuro, su voz de ultratumba pidiéndote que te marches y que lo dejes a solas. Las heridas que todavía sangran guardan en su interior océanos de lágrimas, no sirve de nada dejar que el polvo del olvido se deposite sobre ellas, porque el polvo no cicatriza, sólo ensucia y esconde.

¿Pero cómo saber que tus rincones están llenos de polvo? ¿Cómo darse cuenta de que tus emociones están bloqueadas hasta el punto de no sentir ya nada?

La tristeza constante fue el primero de los síntomas. Esforzarme por sonreír en todo momento aunque no tuviera ganas. Ver como se me venía el mundo encima con cada parpadeo y, cada una de mis historias terminaba por doler.

No tengo ganas de justificarme,  porque justificarse es hacerse de menos y yo hace tiempo que ya sumo en vez de restar. Pero cómo deciros que ya no siento míos los versos que escribía hace tiempo, cómo explicar que ya no me inundan las ganas de enamorarme, cómo expresar que ya no soy el que siempre he sido.

Ya no tengo ninguna necesidad de reconocimiento, salvo el mío propio, ya no existe en mí el ansía por triunfar en todo. ¿Triunfar en qué? cuando la tristeza se hacía mi compañera y la única amante real que tenía era la soledad, creo que no se puede considerar que estuviera triunfando en nada.

Se acabaron los castillos en el aire, se acabó el vivir de ilusiones pasajeras que me mataban poco a poco. He pasado a construir los castillos desde el suelo. Y ya no vivo de ilusiones, vivo, y eso me ilusiona.  

Estoy solo en este viaje. Y no me importa. Porque así debe de ser. Primero hay que encontrarse con uno mismo, para después poder encontrarse con los demás.

Y pronto, muy pronto empezaré a volar de verdad. Y nada me importará salvo el viento y seré libre.  Y se acabará de una vez la magia de fogueo y sus sucios trucos y fantasías.

Y así, el lobo que llevo dentro, dejará por fin de aullar.

Y seré por fin yo mismo.

Wolf by BlackIceWolf