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20 de abril de 2014

Luces, cámara y acción.

Por fin ha llegado el día del estreno. Otra vez los flashes y los periodistas con sus absurdas preguntas.

- ¿En quién se ha inspirado para realizar este papel?
- ¿Es este el mejor papel de su carrera?

Si supieran lo mucho que me cansan, lo mucho que me aburre, tal vez dejarían de preguntar. Ignoran que actúo hasta cuando contesto, siempre con mi sonrisa de oreja a oreja, siempre dando las respuestas que quieren escuchar y que tanto parecen complacerles.

Cuando acepté esta película jamás pensé que el papel iba a calar tanto en mí, nunca había empatizado tanto con un personaje hasta el punto de que llegara a doler. Supongo que sí, que ha sido la actuación de mi vida, porque ahora ese personaje soy yo.

Un hombre de negocios venido a menos, que le da al alcohol como si fuera agua y piensa en el suicidio a cada momento, que se ha enamorado de la mujer de su mejor amigo y que día a día se martiriza pensando que nunca podrá tenerla. Sé que ni mi compañero de reparto es mi mejor amigo ni ella la mujer de mi vida, pero me cuesta tanto separar la realidad de la ficción que creo que me estoy volviendo loco.

Y aquí estamos los tres sonriendo. Abrazados. Encantados de habernos conocido. Presentando al mundo esta película, que nos ha costado dos años rodar y  que algún crítico situará a la altura de obra maestra.

Hay algo extraño en la mujer que nos escruta desde primera fila con una carpeta sobre las piernas. Me ha dedicado media sonrisa y ha anotado varias cosas. Tal vez sepa que oculto algo extraño dentro, que mi personaje ha sido más que un personaje y que hay algo oscuro en todo este show.

Unas semanas de promoción y a preparar mi próximo papel, otros dos o tres años viviendo otra vida ocho o nueve horas al día. Me pregunto si llegará un momento en que dejaré de ser yo, para ser sólo una mezcla de personajes.

Más flashazos y una nueva sonrisa por mi parte.


NOTA: Fotografía de Mar Argüello, relato surgido a propuesta del "Club de las Malas Costumbres" en el que se me pedía escribir inventando la visión del actor situado a la derecha.

21 de octubre de 2013

Encadenados


A partir de esta fotografía de Mar Argüello, seis personas hemos escrito una historia encadenada. El orden lo establecimos por sorteo en una de nuestras ya famosas y necesarias quedadas literarias, que no dejan de ser un excusa para beber cerveza, reirnos de todo y proponernos retos como el que sigue. A mi me tocó la quinta parte, os recomiendo ir pasando de blog en blog en orden para ir leyendo la historia al completo.

1ª Parte: San Carbajo
2ª Parte: Ladrón de Guevara
3ª Parte: Vértigo
4ª Parte: Ehse




QUINTA PARTE

 Creyó haber perdido el conocimiento cuando paró a tomar aire, respiró llenando sus pulmones, recreándose con la sensación y saboreando lo que intuía podían ser sus últimos segundos de vida. Las luces de su apartamento destellaban a sus ojos como molestos flashes y un profundo zumbido se había instalado en sus oídos. Esperó. Si es cierto que cuando estás a punto de morir la vida pasa por delante de ti como una película no quería comprobarlo, no quería rememorar las miserias de los últimos años y mucho menos reencontrarse, aunque fuera en sentido figurado, con tantas personas que habían destrozado su vida.

Tenía mucho sueño y las piernas le cosquilleaban. Ya no sentía suyo el cuerpo y un único objetivo se instaló en su mente: “llamar, llamar, llamar”. Intuía la silueta del teléfono en la cómoda y los apenas tres metros que la separaban de él parecían una distancia insalvable. Quería gritar, quizás fueran capaces de escuchar sus gritos los apasionados amantes del apartamento de al lado, que ahora sonreirían mirando el techo abrazados, saboreando la paz postcoito. Trató de hacerlo con todas sus fuerzas pero apenas un gemido escapó de su garganta.

En un último esfuerzo en el que no fue consciente de si se arrastraba o se tambaleaba,  cubrió la distancia hasta el teléfono y tiró del cable del aparato, el auricular cayó al suelo rebotando varias veces. Lo agarró como pudo, dirigió su mano temblorosa a las teclas tratando de que el nerviosismo y las prisas no confundieran sus pulsaciones. Pulsó el 1 y un pitido se escuchó por el auricular. Bien. Pulsó otro 1 y un segundo pitido sonó por el auricular. Bien. Y ahora el… ¿cuál venía ahora? Mierda. Tenía la mente tan nublada y se sentía tan cansada que no conseguía pensar ni recordar el número.

            Pulsó al azar una última tecla número justo antes de caer desmayada al suelo. En el auricular se escuchó un tono de llamada. Un segundo. Dos segundos. Tres segundos.

Alguien descolgó al otro lado.

-         Emergencias ¿dígame?



Y para leer el cierre de esta historia la 6ª y última parte viene de la mano de Catadora de Sabores, ha sido un placer enorme compartir letras con este elenco de artistas.

8 de mayo de 2013

Cuando llora la ciudad

Hubo un tiempo en que las risas llenaban mi vida y mi piel absorbía todas las lágrimas. La alegría era mí día a día y la nostalgia era tan sólo una palabra escrita en los diccionarios. Pasaba las horas haciendo felices a los demás y me dejaba acariciar en los momentos duros, daba calor en las noches frías y escuchaba confesiones y secretos que nadie más conocía.

Sé que fui importante en muchas vidas, que llené huecos y rellené espacios. Vi crecer a los que me rodeaban mientras yo seguía siempre joven, esperando que otros brazos rodearan mi cuerpo. Soporté el abandono en baúles, los baños de agua a cuarenta grados y los remiendos que sanaban todas mis heridas.

Acepté que todo funcionaba a base de ciclos y que al final de cada ciclo tocaba esconderse en el baúl hasta que otro amanecer llegase. Esperaba siempre que una nueva vida apareciese y unos ojos tímidos me escrutaran con curiosidad. Esperaba convertirme en alguien importante, en una referencia a la que volver con el paso de los años, en parte de la historia de una persona…

Y hoy...hoy me encuentro abandonado, sintiendo el frío en la carne y notando como me moja la lluvia de esta ciudad, quizás llora, de la misma forma que lo hago yo ahora. Ha llegado mi final. Ya no habrá más achuchones ni besitos de buenas noches. No podré ser guardián nocturno, ni ejercer de protector ante los fantasmas.

Hoy no habrá más ciclos ni risas porque alguien decidió deshacerse de mi tirándome a la basura, obligándome a aceptarlo. Tengo miedo. Mucho miedo. Espero un milagro, quizás unos ojos tristes que se apiaden de mí para agarrar mi mano y rescatarme de este cruel final…


NOTA: El día que vi esta imagen me invadió una profunda tristeza. Entonces recordé mi peluche de siempre "Cascabel" un mono que me regaló mi abuela y que todavía conservo. Yo no sería capaz de tirarlo nunca y por un momento lo imaginé en esa situación. Espero que ese conejo encontrara dueño/a y no fuera devorado por las fauces del camión de la basura. Desconozco quién es el autor/ora de la fotografía por eso no aparece citado.

24 de abril de 2013

En las nubes

He presentado mi renuncia a la condición de humano y he solicitado un pasaporte de pájaro. Con veintiséis años es tarde para dejar de soñar así que no pienso renunciar a ello. Se me han quedado pequeñas las ilusiones del suelo y sólo me llena lo que me hace despegar para alcanzarlo.

Me llaman “bohemio” y “romántico” sin saber que se equivocan. No soy ni bohemio, ni romántico, ni tengo la necesidad de etiquetarme en un grupo porque no me siento parte de ninguno. Vivo a base de sueños y éstos suelen ser aquello que otros te dicen que nunca conseguirás cumplir, quizás porque ellos lo intentaron antes y renunciaron o quizás porque les acojona atrozmente intentarlo. En ambos casos siento pena por ellos y orgullo por mí mismo.

Creo en el amor y no soy un cortavenas. No escucho la música que escucho porque tenga la necesidad de sentirme triste si no porque me llena y me ayuda a no dejar de soñar. No creo que sea bello morir de amor, de hecho no creo que sea bello morir de ninguna forma. Creo que es bello vivir por amor y que el amor te haga sentirte vivo. Todo lo demás no va conmigo. No olvido por olvidar, ni creo que el olvido sea una forma de cerrar heridas. Creo que la única forma de cerrarlas es entender que has tenido un pasado y por tanto un futuro.

Mi cabeza es todo un mundo de posibilidades y ahí nunca renuncio a nada. Cada una de mis ideas tiene la forma de una construcción de Gaudí o un cuadro de Dalí y para mí son perfectas aunque haya quién no sea capaz de entenderlas. No pueden herirme fácilmente porque no estoy al alcance de cualquiera, primero tendrían que aprender a volar. Los que me conocen saben que no es nada fácil entrar en mi vida y ese es el único sitio donde alguien puede hacerme daño de verdad. La paciencia es una de mis virtudes pero si intentan jugármela se puede salir mucho más fácil que se entra: no tengo ningún reparo en expulsar a quien pisotea mis flores sin pudor.

Soy sensible pero no vulnerable. Me emociona el arte, las canciones y la gente que brilla con luz propia. No tengo reparos en mostrarle o hacer ver a alguien todas las sensaciones buenas que me transmite. Dar a conocer a alguien sus virtudes no es ser pelota. Es ser justo.

Escribo porque me llena y me llena escribir, creo que a las personas se las puede conocer mucho mejor por cómo escriben que por cómo hablan. No escribo ni bien ni mal ni me preocupa tampoco. Escribo porque alguien lee y con eso basta. Por eso cuando alguien me dice: “vives en las nubes” le doy la razón, siempre fueron mi medio favorito y no pienso bajarme. Desde arriba siempre se ha visto todo mucho mejor.



Imagen: Pintada de Neorrabioso

Para escuchar esta entrada en mi voz con comentarios:

Novedades: El 10 de Febrero, tal vez acudieras al primer recital de "Se llamaba Pandora" en el que participé junto a dos grandes de las letras, un enorme cantautor y una talentosa fotógrafa, quizás te quedaste con las ganas de saber cómo terminó la historia de cada personaje. Hemos creado varias secuelas que iremos colgando semana tras semana en el blog oficial, para leerlas pincha aquí. Y si no fuiste al recital o fuiste pero te apetece verlo en riguroso diferido, pincha aquí.

3 de abril de 2013

A paso lento

La belleza es caprichosa, puedes pasarte una tarde entera buscándola y no ser capaz de verla por ningún lado o puedes no esperar nada y de repente encontrarla.

Ella lo sabía perfectamente, llevaba toda la tarde paseando por la ciudad con la cámara al cuello, buscando la fotografía perfecta. Había tratado en balde de captar personas, edificios e incluso aves que distraídas volaban o que picoteaban migas de pan. Apuntaba con mimo y observaba atentamente cada nueva posible imagen a través del objetivo, tras respirar pausadamente y realizar algunos ajustes en la cámara, se decidía a pulsar el disparador con suavidad, una o varias veces. Después pasaba unos segundos observando el resultado en el visor y al final negaba con la cabeza; estaban bien pero les faltaba algo, un algo indescriptible e indefinible. Un algo que sólo el buen fotógrafo es capaz de ver.

Tras seguir recorriendo algún que otro sitio más tiró la toalla y tapó el objetivo; hasta la fotografía tiene rachas y en esos momentos no parecía encontrarse en una buena. Dirigió sus pasos de vuelta a casa, cabizbaja y pensativa hasta que un lejano rumor llamó nuevamente su atención. Escuchó música que provenía de algún lugar no muy lejano, levantó la cabeza y trató de adivinar la dirección de procedencia. Un corrillo cada vez más numeroso de personas le indicó la ubicación exacta.

Una pareja bailaba cogida de la mano, él vestía camisa azul y ella blusa roja. Se miraban a los ojos y no parecían reparar en que otras personas los estaban mirando. Bailaban al compás de la música que sonaba en un radiocasete barato, daban vueltas y sonreían. El ruido de la ciudad se calló. Durante un instante parecía que una orquesta los rodeaba y que estaban en un gran teatro solitario, bailando por y para los músicos, el azul de la camisa se mezcló con el rojo de la blusa y las notas se movían debajo de sus pies. La ciudad era para ellos un enorme pentagrama.

Y entonces se oyó un clic y en el visor de la cámara aparecieron congelando el tiempo. La fotógrafa sonrió como no había podido hacerlo en toda la tarde. Allí estaba ellos. Sin esperarlo había aparecido el “algo”. La belleza en estado más puro. Siguió observando la escena unos minutos más hasta que terminó la canción y detuvieron el baile. Aplaudió y se marchó, feliz.

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Han pasado algunos años de aquello, pero al desempolvar la fotografía que tomó, hoy todavía es capaz de revivir lo que sintió en aquel momento y un ligero hormigueo recorre su estómago, el mismo que la llevó un día a coger la cámara y a decidir plasmar en imágenes aquello que otros no pueden o no saben ver.

Poder congelar el tiempo es un don, te permite guardar historias, captar momentos. Encontrar ese “algo” que habita por doquier en las ciudades y que sin embargo a la mayoría de mortales, casi todos los días se nos escapa sin que sepamos verlo y sin que nos demos tan siquiera cuenta.

Imagen: "A paso lento" por Mar Argüello.


Para escuchar esta entrada en mi voz con comentarios:
Para descargar el archivo en formato .mp3 pulsa AQUÍ

NOTA: El relato se ha construído a partir de la fotografía y de las sensaciones que me produjo. Gracias Mar por tu arte, tu paciencia y tu buen hacer. Podéis ver más trabajos suyos aquí y también aquí. Fueron suyas también las fotografías que formaron parte de nuestro recital "Se llamaba Pandora", que podéis disfrutar en youtube en riguroso diferido.