Superar la muerte de un ser
querido es siempre difícil, pero si hay algo peor que ese dolor, que se arraiga
en tu pecho y te asfixia, es ver como esa persona se deteriora y se le agotan
los segundos sin que nada puedas hacer nada para evitarlo. Eso es una auténtica
condena.
Me he despistado un segundo esta mañana y Catalina se ha caído por las escaleras, no han sido muchos peldaños pero se ha dado un golpe en la frente y ha sangrado, cuando he ido corriendo a por ella tenía la vista perdida, vacía, y no se ha quejado, como si no sintiera dolor. Por suerte no se ha roto nada. Ayer no fue capaz de agarrar la cuchara y tuve que darle de comer, todos dicen que no me conoce pero yo noto algo en el brillo de sus ojos que me dice que sí, simplemente está ausente y sabe que nosotros la rodeamos. Los médicos ya calculan los días en que olvidará como se traga y temo el momento en que habrá que empezar a alimentarla con un tubo.
Ayer en el salón le enseñé los álbumes de fotos, los de nuestra boda, los de la boda de nuestros hijos y algunas fotos mucho más antiguas en blanco y negro de cuando nos conocimos y éramos jóvenes. He tratado de buscar una mueca en su rostro, que ha permanecido impasible todo el tiempo, después ha agarrado con dos dedos una de las fotos y se ha quedado así más de una hora. No he podido evitar llorar.
Recuerdo el día en que no reconoció a Mario y se puso a gritar y a tirarle cosas, fue de repente, estaban charlando y tras una pausa ella cambió su mirada y se asustó. Sabíamos que algo estaba ocurriendo, pero nadie había diagnosticado todavía su enfermedad. Mario se pasó esa noche entera y las dos siguientes sin decir una sola palabra. No asimilaba que su propia madre lo hubiera olvidado. Desde ese día Catalina no dejó de empeorar.
Poco a poco fue olvidando al resto de personas, llegó a olvidarse de su propio nombre y edad y se asustaba incluso con su propio reflejo en el espejo. No tardó en dejar de articular palabras y de valerse por sí misma. Costó mucho tiempo que dejara de asustarse con mi presencia.
Es cruel que la vida haga olvidar a una persona quién es y dónde está. Le encantaba cantar, siempre cantaba a todas horas, cocinando, limpiando, vistiendo a los niños, cuando leía, cuando íbamos a comprar o a dar una vuelta. Cantaba como un ángel, te hacía sonreír. Para ella la vida era una canción de Gardel que por desgracia ahora había olvidado. Y a mi ahora me faltaban sus canciones...
Me he negado a ingresarla en ningún centro a pesar de que todo el mundo me lo recomienda. “Ella no te reconoce”. “Es cruel que sigas en esta situación”. “No puedes ayudarla”. Pero aunque ella no sepa quién soy yo, yo si sé quién es ella. No la he olvidado y mientras la vida me lo permita estaré a su lado hasta que uno de los dos no tenga más remedio que marcharse. Desde el tocadiscos me llega ahora un rumor: “Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando, su boca que era mía, ahora no me besa más...” *
Y lloro como un niño y la abrazo.
Y ella, aunque todos digan que es imposible, también derrama una lágrima con su
mirada perdida y sé que me reconoce.
Lo sé.
Y algún día, en algún lugar volveré
a escuchar su voz cantando y reiré de nuevo.
NOTA: Según el último informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el número de personas afectadas por Alzheimer va a triplicarse en el 2050, pasando de una estimación actual de 35,6 millones a 115 millones”.
La canción a la que se hace referencia es "Sus ojos se cerraron" de Carlos Gardel.
La canción a la que se hace referencia es "Sus ojos se cerraron" de Carlos Gardel.


