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24 de abril de 2013
En las nubes
He presentado mi renuncia
a la condición de humano y he solicitado un pasaporte de pájaro.
Con veintiséis años es tarde para dejar de soñar así que no
pienso renunciar a ello. Se me han quedado pequeñas las ilusiones
del suelo y sólo me llena lo que me hace despegar para alcanzarlo.
Me llaman “bohemio” y
“romántico” sin saber que se equivocan. No soy ni bohemio, ni
romántico, ni tengo la necesidad de etiquetarme en un grupo porque
no me siento parte de ninguno. Vivo a base de sueños y éstos suelen
ser aquello que otros te dicen que nunca conseguirás cumplir, quizás
porque ellos lo intentaron antes y renunciaron o quizás porque les
acojona atrozmente intentarlo. En ambos casos siento pena por ellos y
orgullo por mí mismo.
Creo en el amor y no soy
un cortavenas. No escucho la música que escucho porque tenga la
necesidad de sentirme triste si no porque me llena y me ayuda a no
dejar de soñar. No creo que sea bello morir de amor, de hecho no
creo que sea bello morir de ninguna forma. Creo que es bello vivir
por amor y que el amor te haga sentirte vivo. Todo lo demás no va
conmigo. No olvido por olvidar, ni creo que el olvido sea una forma
de cerrar heridas. Creo que la única forma de cerrarlas es entender
que has tenido un pasado y por tanto un futuro.
Mi cabeza es todo un
mundo de posibilidades y ahí nunca renuncio a nada. Cada una de mis
ideas tiene la forma de una construcción de Gaudí o un cuadro de
Dalí y para mí son perfectas aunque haya quién no sea capaz de
entenderlas. No pueden herirme fácilmente porque no estoy al alcance
de cualquiera, primero tendrían que aprender a volar. Los que me
conocen saben que no es nada fácil entrar en mi vida y ese es el
único sitio donde alguien puede hacerme daño de verdad. La
paciencia es una de mis virtudes pero si intentan jugármela se puede
salir mucho más fácil que se entra: no tengo ningún reparo en
expulsar a quien pisotea mis flores sin pudor.
Soy sensible pero no
vulnerable. Me emociona el arte, las canciones y la gente que brilla
con luz propia. No tengo reparos en mostrarle o hacer ver a alguien
todas las sensaciones buenas que me transmite. Dar a conocer a
alguien sus virtudes no es ser pelota. Es ser justo.
Escribo porque me llena y
me llena escribir, creo que a las personas se las puede conocer mucho
mejor por cómo escriben que por cómo hablan. No escribo ni bien ni
mal ni me preocupa tampoco. Escribo porque alguien lee y con eso
basta. Por eso cuando alguien me dice: “vives en las nubes” le
doy la razón, siempre fueron mi medio favorito y no pienso bajarme.
Desde arriba siempre se ha visto todo mucho mejor.
Novedades: El 10 de Febrero, tal vez acudieras al primer recital de "Se llamaba Pandora" en el que participé junto a dos grandes de las letras, un enorme cantautor y una talentosa fotógrafa, quizás te quedaste con las ganas de saber cómo terminó la historia de cada personaje. Hemos creado varias secuelas que iremos colgando semana tras semana en el blog oficial, para leerlas pincha aquí. Y si no fuiste al recital o fuiste pero te apetece verlo en riguroso diferido, pincha aquí.
3 de abril de 2013
A paso lento
La belleza es caprichosa, puedes
pasarte una tarde entera buscándola y no ser capaz de verla por ningún lado o
puedes no esperar nada y de repente encontrarla.
Ella lo sabía perfectamente,
llevaba toda la tarde paseando por la ciudad con la cámara al cuello, buscando
la fotografía perfecta. Había tratado en balde de captar personas, edificios e
incluso aves que distraídas volaban o que picoteaban migas de pan. Apuntaba con
mimo y observaba atentamente cada nueva posible imagen a través del objetivo,
tras respirar pausadamente y realizar algunos ajustes en la cámara, se decidía
a pulsar el disparador con suavidad, una o varias veces. Después pasaba unos
segundos observando el resultado en el visor y al final negaba con la cabeza;
estaban bien pero les faltaba algo, un algo indescriptible e indefinible. Un
algo que sólo el buen fotógrafo es capaz de ver.
Tras seguir recorriendo algún que
otro sitio más tiró la toalla y tapó el objetivo; hasta la fotografía tiene
rachas y en esos momentos no parecía encontrarse en una buena. Dirigió sus
pasos de vuelta a casa, cabizbaja y pensativa hasta que un lejano rumor llamó
nuevamente su atención. Escuchó música que provenía de algún lugar no muy
lejano, levantó la cabeza y trató de adivinar la dirección de procedencia. Un
corrillo cada vez más numeroso de personas le indicó la ubicación exacta.
Una pareja bailaba cogida de la
mano, él vestía camisa azul y ella blusa roja. Se miraban a los ojos y no
parecían reparar en que otras personas los estaban mirando. Bailaban al compás
de la música que sonaba en un radiocasete barato, daban vueltas y sonreían. El
ruido de la ciudad se calló. Durante un instante parecía que una orquesta los
rodeaba y que estaban en un gran teatro solitario, bailando por y para los
músicos, el azul de la camisa se mezcló con el rojo de la blusa y las notas se
movían debajo de sus pies. La ciudad era para ellos un enorme pentagrama.
Y entonces se oyó un clic y en el
visor de la cámara aparecieron congelando el tiempo. La fotógrafa sonrió como
no había podido hacerlo en toda la tarde. Allí estaba ellos. Sin esperarlo
había aparecido el “algo”. La belleza en estado más puro. Siguió observando la
escena unos minutos más hasta que terminó la canción y detuvieron el baile.
Aplaudió y se marchó, feliz.
--------------
Han pasado algunos años de
aquello, pero al desempolvar la fotografía que tomó, hoy todavía es capaz de
revivir lo que sintió en aquel momento y un ligero hormigueo recorre su
estómago, el mismo que la llevó un día a coger la cámara y a decidir plasmar en
imágenes aquello que otros no pueden o no saben ver.
Poder congelar el tiempo es un
don, te permite guardar historias, captar momentos. Encontrar ese “algo” que
habita por doquier en las ciudades y que sin embargo a la mayoría de mortales,
casi todos los días se nos escapa sin que sepamos verlo y sin que nos demos tan
siquiera cuenta.
NOTA: El relato se ha construído a partir de la fotografía y de las sensaciones que me produjo. Gracias Mar por tu arte, tu paciencia y tu buen hacer. Podéis ver más trabajos suyos aquí y también aquí. Fueron suyas también las fotografías que formaron parte de nuestro recital "Se llamaba Pandora", que podéis disfrutar en youtube en riguroso diferido.
13 de marzo de 2013
Tu mapa
Aunque tú no lo sepas
tienes un mapa. Quizás comience en alguno de tus lunares, dibujando
constelaciones que orientarán a navegantes perdidos o a lo mejor
empieza en el brillo de tus ojos cuando contemplas la belleza donde
otros sólo saben ver oscuridad. Por encontrar ese mapa algunos
detendrán los relojes y lucharán contra quimeras y fantasmas,
tratarán de penetrar tu armadura, forjada a base de golpes que te
dio la vida, y mentirán una, dos y mil veces si con eso consiguen
acercarse un poco a ti.
Ese mapa del que te hablo
aparece en tu sonrisa y en las horas que dedicas a hacer felices a
otros, en las noches en que das tu mano cuando algunos se entregan a
la derrota, incluso en tus lágrimas cuando te sientes sola y tratas
de huir del ruido que hace el más profundo de los silencios. Te
aseguro que ese mapa hará perder la cabeza a más de uno y más de
dos, e inspirará canciones, relatos y novelas
Tu mapa permite encontrar
el paraíso cuando baja por tu cuello y continúa por tu pecho,
cuando traza rutas que llevan a un lugar profundo, donde hay un
tesoro que late rítmico y se acelera cuando sueña. Un tesoro que
muy pocos podrán contemplar alguna vez y menos aún tocar. Un tesoro
que compartirás sólo con quién tu elijas. Esa persona encontrará
allí la mitad que falta y seguirá descubriendo todos y cada uno de
esos lugares por descubrir que marcaste sin darte cuenta. Bajará por
tu vientre (que quizás algún día albergará vida) y se adentrará
en paisajes que inundarán sus sentidos. Después seguirá bajando
por tus piernas y terminará en tus pies. Llegando así al fin del
mundo.
Pero tu mapa, tu mapa
esconde mucho más, porque se hizo a base de experiencias, se
escribió con tinta de lágrimas y sonrisas, de empujones, anhelos y
tropiezos. Se rompió una y mil veces y aún así encontraste fuerzas
para volver a recomponerlo, seguiste creyendo que se podía y
pudiste, sacaste fuerzas de la nada, te levantaste una y otra vez y
ahora lo llevas fijado en el atlas de tus caderas.
Y sin embargo no sabes
dónde está ese mapa. Ni siquiera sabes si realmente existe ni que
otros lo buscarán algún día.
Ojalá fueras consciente
de que ese mapa.
EL MAPA.
Eres tú.
Dedicado a Noe, para darle ánimos en estos momentos díficiles que está pasando. Me pareció bonita y poética la imagen para ilustrar esta entrada. Que nunca se te olvide cómo cabalgar las nubes.
NOVEDADES: Sigue colgado en youtube el vídeo de nuestro primer recital "Se llamaba Pandora", si todavía no lo has visto estás a tiempo, pulsa aquí.
NOVEDADES 2: Recientemente he estrenado un blog satélite musical "El día en que desabroché tus canciones" y trabajará en paralelo junto a este. Me encantaría que te pasaras para desabrochar canciones juntos.
NOVEDADES 2: Recientemente he estrenado un blog satélite musical "El día en que desabroché tus canciones" y trabajará en paralelo junto a este. Me encantaría que te pasaras para desabrochar canciones juntos.
NOVEDADES 3: En lo sucesivo, este blog se actualizará semanalmente todos los miércoles a las 12.00 hora española.
6 de marzo de 2013
En la estación
Hoy te he visto otra vez
esperando en la estación, sentada sobre tu maleta, aguardando la
llegada de ese tren que te llevará lejos. Quizás con la intención
de no regresar.
Te observo fijamente
desde el otro andén mientras jugueteas con una de esas pulseras que
adorna tu muñeca. Sonríes levemente y puedo detener el tiempo en tu
sonrisa, lástima no tener una cámara de fotos para inmortalizar
este momento. Nadie parece reparar en tu presencia, viajeros con
prisa pasan por delante de ti una y otra vez y ninguno se detiene tan
si siquiera a mirarte.
Un tren entra en la
estación y detiene su marcha, durante unos minutos se interpone en
mi campo de visión y te pierdo de vista. Pienso que en cuanto
arranque de nuevo te habrás subido y habrás emprendido el viaje.
Sin embargo, cuando arranca y recupero otra vez toda la visibilidad,
sigues sentada sobre tu maleta. Sonríes nuevamente y ésta vez sacas
un cuaderno, te veo garabatear algo sobre él, quizás escribes sobre
las personas que se van en cada vagón, sobre el paso del tiempo o
sobre los lugares que te gustaría visitar, quién sabe, tal vez
dibujes paisajes y sonrisas o, tal vez, tan sólo estés haciendo la
lista de la compra. En cualquiera de los casos la estampa se me
antoja hermosa: tú, tu maleta, el cuaderno y la estación.
Pasa otro tren y yo no
recuerdo si era el mío. Tampoco subes en este y la estación vuelve
a quedarse vacía excepto por nosotros dos. Durante un leve instante
pienso que has reparado en mi presencia, miras hacia donde yo estoy y
te vuelvo a ver sonreír, ligera e imperceptiblemente, casi con
tristeza. Con la tristeza de aquellos que no saben lo que buscan, o
lo saben, pero nunca vieron la oportunidad de encontrarlo.
Me pregunto que será lo
que te trae aquí cada tarde. Qué clase de dolor arrastras para
observar pasar los trenes una y otra vez sin coger ninguno. Tal vez
para ti sea un ejercicio tan balsámico cómo para mi resulta mirarte
sentada sin esperar nada a cambio. ¿Un amor mal curado? ¿la
necesidad de un cambio de aires? ¿la inspiración que sólo el ir y
venir de personas pueden proporcionar? Es probable que sea todo y
nada a la vez. Si soy sincero, yo tampoco conozco muy bien las
razones por las que empecé a venir aquí y sin embargo vengo cada
día.
Pasa otro tren. Y otro. Y
otro. Y otro más. Y permaneces en tu sitio. Sigues siempre el mismo
ritual: “sonrisa, cuaderno, sonrisa”, mientras la tarde se va
escapando poco a poco. De repente te levantas como si acabaras de
llegar, coges tu maleta y te marchas. Ahora la estación se ha
quedado sola e incluso más triste. Cinco minutos después yo también
abandono la estación.
Al día siguiente,
puntual, vuelves a estar en el andén. En la misma posición que
siempre, con la misma sonrisa triste, con la maleta y el cuaderno.
Creo que una vez más vuelves a mirarme, pero después centras otra
vez toda tu atención en el papel.
Pierdo la cuenta de los
trenes que pasan y en los que ninguno de los dos se sube. En cuanto
un convoy abandona la estación, lo primero que hago es buscarte con
la mirada, que se choca con la tuya, para después ambos sonreír con
calma y otra vuelta a la rutina. Pienso que daría exactamente igual
que estuviéramos de espaldas, parece que nunca subiremos a un tren
pase lo que pase y que nos divierte esta espera que casi se ha
convertido en juego. Creo que los dos tenemos una apuesta secreta a
ver quién es el que se marcha antes.
Ha entrado un nuevo tren
en la estación. Suena el silbato que anuncia que las puertas van a
cerrarse y en un alarde de valentía me lanzo dentro, sabiendo que tú
te quedarás y que esa será la última vez que te vea. Las puertas
se cierran y desesperado te busco en el andén a través de una
ventanilla. No estás donde siempre has estado, tan sólo hay
viajeros que abandonan con prisas la estación. El tren empieza a
rodar sobre las vías. Trago saliva giro la mirada y te encuentro
dentro del vagón. Los dos nos sorprendemos de vernos. Los dos
sonreímos al unísono.
— ¿Y ahora a dónde vamos? -me dices.
— No tengo ni la menor idea -respondo.
Sonríes nuevamente y te
mesas el pelo. Te sientas a mi lado mientras el tren abandona la
estación, donde tanto tiempo hemos planeado futuros juntos, sin ni
siquiera hablarnos.
En ese momento, en la estación, alguien encuentra un dibujo tirado en el suelo, arrancado de un cuaderno de notas.
Mi eterno y más sincero agradecimiento a Laura, por ilustrar y dar vida con su arte a este relato, por conseguir que nacieran estas letras con tan sólo observarlo un rato. No dejéis de visitar su blog, "De mis bocetos y los vuestros" seguro que os encantará tanto como a mi.
NOVEDADES1: La editorial Hipálage, ha seleccionado mi relato "Flores nuevas" para formar parte del libro "Libérate hasta de tí". Pinchando aquí se puede ver la portada. Próximamente lo colgaré gratuitamente en el blog, junto a otros tres relatos míos que fueron seleccionados en los libros "A contrarreloj I", "A contrarreloj II" y "Cuentos para sonreír" que publicó la misma editorial.
NOVEDADES 2: Recientemente he estrenado un blog satélite musical "El día en que desabroché tus canciones" y trabajará en paralelo junto a este. Me encantaría que te pasaras para desabrochar canciones juntos.
NOVEDADES 2: Recientemente he estrenado un blog satélite musical "El día en que desabroché tus canciones" y trabajará en paralelo junto a este. Me encantaría que te pasaras para desabrochar canciones juntos.
NOVEDADES 3: Desde la semana pasada y en lo sucesivo, el blog se actualizará semanalmente todos los miércoles a las 12.00 hora española.
27 de febrero de 2013
Futuro y porvenir
Llega el día en que te
das cuenta que te has hecho mayor. Empieza de repente, sin avisar y
con pequeños gestos cotidianos, primero es esa cajera del
supermercado que te trata de usted, luego es ese niño que dice
“señor, ¿tiene hora?” y más tarde son los viernes en que no te
apetece salir por la noche porque has tenido una semana dura en el
trabajo y estás hecho polvo.
Supongo que en el momento
en que preferí una mantita y peli en el salón a ir al cine debí
temerme lo peor. Quizás debí interpretar que todos esos consejos
que me pedían mis amigos sobre tal o cual cosa eran síntoma
inequívoco de que me consideraban un hombre experimentado, nada
tenían que ver con la amistad en realidad.
Y entonces empiezas a
asumirlo y te ves cansado en el espejo. De repente aquella canita tan
graciosa de tu sien empieza a dejar de ser graciosa y la barriguita
cervecera es en realidad un tripón. Ya no te hacen gracia las mismas
cosas, has cambiado de gustos y puede que incluso te hayas vuelto un
poco más aburrido. Discutes de política en lugar de fútbol o
videojuegos, si llueve coges el paraguas y en cuanto sopla un poquito
el viento te abrigas como si no hubiera un mañana. Te has vuelto
previsor, la vida ha dejado de ser improvisada.
Los culos apretados y las tetas operadas ya sólo te motivan para un revolcón, ahora buscas profundidad en los ojos y esperas que la otra persona te transmita algo. Le has dicho que no cuatro veces a la tía buena del segundo porque no sabe cuanto son dos más dos y siempre tienes que explicarle cada uno de tus chistes. Le tiras los trastos una y otra vez a aquella chica tan simpática, en la que nunca antes te habías fijado, que está con un capullo que la hace llorar todos los días y al que probablemente nunca dejará, antes de lo que ella cree dirá que está “felizmente casada”.
Hay gente a la que no
soportas y a la que evitas cada día, huyes de las reuniones
familiares incómodas, donde se juntan primos y tíos a los que has
visto tres veces en tu vida. Ya no aceptas los sí porque sí y todo
tiene sus matices. El vaso ya no está ni medio lleno ni medio vacío,
es sólo un vaso que de vez en cuando riegas con whisky, botella gran
reserva, nada de aquella mierda de a seis euros la botella con la que
te pillabas los mayores ciegos de tu vida en los botellones del
barrio, donde siempre acababas liado con alguna, que al final no
sabías ni como se llamaba y que se iba de tu cama, o tú de la suya,
sin hacer preguntas. Que tiempos aquellos, te empalmas sólo de
pensarlo.
La gente ya sólo te
habla de hipotecas, de tener niños, de ganar mucho dinero. Ya casi
nadie te dice que sueña con tal o cual cosa, renunciaron a todo eso
y si hablas de conseguir algo que a ellos les parece imposible te
dicen que tienes demasiados pájaros en la cabeza. La comodidad se ha
instalado en sus vidas.
Te olvidas de comprar “el
Jueves” y antes de que te des cuenta te has convertido en ese tío
gris al que hacía diez años habrías llamado panoli o pardillo. Ya
no te callas las cosas, has llamado estúpido a más de uno y payaso
a más de dos, aunque te hubiera gustado darles un par de buenas
hostias y, por sincero, hay muchos que prefieren no verte, no siendo
que les digas algo totalmente cierto y eso sea peor que un puñetazo.
Eres el broncas de tu
trabajo, defiendes a capa y espada tus convicciones y los jefes no
quieren ni verte el pelo. Eres demasiado hasta para los
sindicalistas, que huyen a tomar café en cuanto apareces. Siempre
hay alguno que comenta que si no fueras tan broncas, con el talento
que tienes, serías director. Como si dirigir fuera una meta y se
pudiera conseguir de una forma que no sea chupando pollas, cosa que
ellos no han parado de hacer durante toda su vida.
Y antes de que te des
cuenta serás un viejo cascarrabias que va cada día a las obras para
dirigirlas, que observa la vida desde un banco del parque negando
cada cosa que ve a su alrededor y que levanta agitando el bastón de
forma amenazadora cada vez que algún chiquillo chuta un balón que
pasa rozando a sus pies.
-------------------------------
Te cuento todo esto
mirándote a los ojos mientras tomamos cervezas para celebrar mis
recién cumplidos veintiséis. No puedes parar de reír y casi me has
tirado el vaso encima un par de veces.
– ¡No te rías! ¿Qué culpa tengo yo de que mi vida vaya a ser una maldita broma?
Y entonces clavas tus
ojos en los míos, me miras sonriendo y me acaricias la mejilla. Y
entonces yo, me olvido del calendario y pienso en lo bonito que sería
envejecer a tu lado y ver tus ojos cada día.
– En ti.
Vuelves a reírte, me
empujas cariñosamente y te lo tomas a broma. Y yo que esperaba un
buen beso de película para cerrar esta historia…
NOVEDADES1: Ya está colgado el vídeo de lo que fue nuestro recital "Se llamaba Pandora", si no pudiste ir, fuiste y te apetece volver a verlo o simplemente tienes curiosidad, pincha aquí.
NOVEDADES 2: Recientemente he estrenado un blog satélite musical "El día en que desabroché tus canciones" y trabajará en paralelo junto a este. Me encantaría que te pasaras para desabrochar canciones juntos.
NOVEDADES 2: Recientemente he estrenado un blog satélite musical "El día en que desabroché tus canciones" y trabajará en paralelo junto a este. Me encantaría que te pasaras para desabrochar canciones juntos.
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