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6 de marzo de 2013

En la estación

Hoy te he visto otra vez esperando en la estación, sentada sobre tu maleta, aguardando la llegada de ese tren que te llevará lejos. Quizás con la intención de no regresar.

Te observo fijamente desde el otro andén mientras jugueteas con una de esas pulseras que adorna tu muñeca. Sonríes levemente y puedo detener el tiempo en tu sonrisa, lástima no tener una cámara de fotos para inmortalizar este momento. Nadie parece reparar en tu presencia, viajeros con prisa pasan por delante de ti una y otra vez y ninguno se detiene tan si siquiera a mirarte.

Un tren entra en la estación y detiene su marcha, durante unos minutos se interpone en mi campo de visión y te pierdo de vista. Pienso que en cuanto arranque de nuevo te habrás subido y habrás emprendido el viaje. Sin embargo, cuando arranca y recupero otra vez toda la visibilidad, sigues sentada sobre tu maleta. Sonríes nuevamente y ésta vez sacas un cuaderno, te veo garabatear algo sobre él, quizás escribes sobre las personas que se van en cada vagón, sobre el paso del tiempo o sobre los lugares que te gustaría visitar, quién sabe, tal vez dibujes paisajes y sonrisas o, tal vez, tan sólo estés haciendo la lista de la compra. En cualquiera de los casos la estampa se me antoja hermosa: tú, tu maleta, el cuaderno y la estación.

Pasa otro tren y yo no recuerdo si era el mío. Tampoco subes en este y la estación vuelve a quedarse vacía excepto por nosotros dos. Durante un leve instante pienso que has reparado en mi presencia, miras hacia donde yo estoy y te vuelvo a ver sonreír, ligera e imperceptiblemente, casi con tristeza. Con la tristeza de aquellos que no saben lo que buscan, o lo saben, pero nunca vieron la oportunidad de encontrarlo.

Me pregunto que será lo que te trae aquí cada tarde. Qué clase de dolor arrastras para observar pasar los trenes una y otra vez sin coger ninguno. Tal vez para ti sea un ejercicio tan balsámico cómo para mi resulta mirarte sentada sin esperar nada a cambio. ¿Un amor mal curado? ¿la necesidad de un cambio de aires? ¿la inspiración que sólo el ir y venir de personas pueden proporcionar? Es probable que sea todo y nada a la vez. Si soy sincero, yo tampoco conozco muy bien las razones por las que empecé a venir aquí y sin embargo vengo cada día.

Pasa otro tren. Y otro. Y otro. Y otro más. Y permaneces en tu sitio. Sigues siempre el mismo ritual: “sonrisa, cuaderno, sonrisa”, mientras la tarde se va escapando poco a poco. De repente te levantas como si acabaras de llegar, coges tu maleta y te marchas. Ahora la estación se ha quedado sola e incluso más triste. Cinco minutos después yo también abandono la estación.

Al día siguiente, puntual, vuelves a estar en el andén. En la misma posición que siempre, con la misma sonrisa triste, con la maleta y el cuaderno. Creo que una vez más vuelves a mirarme, pero después centras otra vez toda tu atención en el papel.

Pierdo la cuenta de los trenes que pasan y en los que ninguno de los dos se sube. En cuanto un convoy abandona la estación, lo primero que hago es buscarte con la mirada, que se choca con la tuya, para después ambos sonreír con calma y otra vuelta a la rutina. Pienso que daría exactamente igual que estuviéramos de espaldas, parece que nunca subiremos a un tren pase lo que pase y que nos divierte esta espera que casi se ha convertido en juego. Creo que los dos tenemos una apuesta secreta a ver quién es el que se marcha antes.

Ha entrado un nuevo tren en la estación. Suena el silbato que anuncia que las puertas van a cerrarse y en un alarde de valentía me lanzo dentro, sabiendo que tú te quedarás y que esa será la última vez que te vea. Las puertas se cierran y desesperado te busco en el andén a través de una ventanilla. No estás donde siempre has estado, tan sólo hay viajeros que abandonan con prisas la estación. El tren empieza a rodar sobre las vías. Trago saliva giro la mirada y te encuentro dentro del vagón. Los dos nos sorprendemos de vernos. Los dos sonreímos al unísono.

— ¿Y ahora a dónde vamos? -me dices.
— No tengo ni la menor idea -respondo.

Sonríes nuevamente y te mesas el pelo. Te sientas a mi lado mientras el tren abandona la estación, donde tanto tiempo hemos planeado futuros juntos, sin ni siquiera hablarnos.


En ese momento, en la estación, alguien encuentra un dibujo tirado en el suelo, arrancado de un cuaderno de notas.

Dibujo: En la estación (Viajes II) por Laura Garrido

Mi eterno y más sincero agradecimiento a Laura, por ilustrar y dar vida con su arte a este relato, por conseguir que nacieran estas letras con tan sólo observarlo un rato. No dejéis de visitar su blog, "De mis bocetos y los vuestros" seguro que os encantará tanto como a mi.



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NOVEDADES1: La editorial Hipálage, ha seleccionado mi relato "Flores nuevas" para formar parte del libro "Libérate hasta de tí". Pinchando aquí se puede ver la portada. Próximamente lo colgaré gratuitamente en el blog, junto a otros tres relatos míos que fueron seleccionados en los libros "A contrarreloj I", "A contrarreloj II" y "Cuentos para sonreír" que publicó la misma editorial.
NOVEDADES 2: Recientemente he estrenado un blog satélite musical "El día en que desabroché tus canciones" y trabajará en paralelo junto a este. Me encantaría que te pasaras para desabrochar canciones juntos.
NOVEDADES 3: Desde la semana pasada y en lo sucesivo, el blog se actualizará semanalmente todos los miércoles a las 12.00 hora española.