Esta mañana antes de salir hacia el trabajo, encendí el televisor. Al ver que a las 6:55 no emitían nada interesante decidí consultar el teletexto. Ahi fue cuando me enteré de que uno de los más grandes poetas nos había dejado para siempre. Un estado de shock me invadió y aún a estas horas de la noche no he conseguido asimilar la noticia. Supongo que no se ha marchado del todo, que su mejor legado es su extensa obra. Hoy por primera vez y sin que sirva de precedente, no serán mis letras las que intenten darle un homenaje, porque hasta escribir cuesta. He recitado (o sería más correcto decir "leído") uno de sus poemas, "Utopías". Lo he grabado y lo he subido para compartirlo con todos vosotros. Espero que Mario sepa perdonar mi osadía donde quiera que esté.
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12 de agosto de 2022
20 de mayo de 2018
Te pido perdón
Voy a tratar de no contaminar lo hermoso de mi esencia,
no cambiar sus palabras si brotan como luceros alados,
disfrutar de las vistas que abren universos
y revolcarme en ellas como el niño que descubrió la nieve.
no cambiar sus palabras si brotan como luceros alados,
disfrutar de las vistas que abren universos
y revolcarme en ellas como el niño que descubrió la nieve.
Prometo reír más y preocuparme menos,
desahuciar la oscuridad que vino a desvestirme
y se sintió defraudada al verme tan humano,
sincero como un charco en un día de lluvia.
desahuciar la oscuridad que vino a desvestirme
y se sintió defraudada al verme tan humano,
sincero como un charco en un día de lluvia.
Te ofreceré manos pero no aliento
porque soy incapaz de rellenar los rincones vacíos
que el viaje ha dejado en tu equipaje
y el camino se aprende caminando.
porque soy incapaz de rellenar los rincones vacíos
que el viaje ha dejado en tu equipaje
y el camino se aprende caminando.
He comenzado a escalar la cara más difícil de esta
cordillera,
porque la fácil sólo me trajo ruido y dolor,
te pido perdón,
por traicionar el manual de las costumbres.
porque la fácil sólo me trajo ruido y dolor,
te pido perdón,
por traicionar el manual de las costumbres.
He decidido adentrarme en este desierto,
para encontrarme,
y aunque la sed me ataque
cabalgaré ligero, soltando siempre lastre.
para encontrarme,
y aunque la sed me ataque
cabalgaré ligero, soltando siempre lastre.
Seré una nube que planea mis abismos,
lloveré y haré barro de mis despojos
construiré un cosmos nuevo
sin estrellas muertas derrotadas.
lloveré y haré barro de mis despojos
construiré un cosmos nuevo
sin estrellas muertas derrotadas.
Cabalgaré aunque me habite el frío,
y tenga que desaprender mis virtudes,
aunque el tiempo pase
y no consiga entender su mecanismo.
y tenga que desaprender mis virtudes,
aunque el tiempo pase
y no consiga entender su mecanismo.
Me despediré de quién se marcha
para que no marchite mi calendario,
encenderé velas y dejaré que bailen mis lágrimas
para honrar su memoria.
para que no marchite mi calendario,
encenderé velas y dejaré que bailen mis lágrimas
para honrar su memoria.
Y jugaré al ajedrez con el viento,
los pájaros y las olas,
para sentir que mi hogar se encuentra
sólo en la tierra que elijo pisar.
los pájaros y las olas,
para sentir que mi hogar se encuentra
sólo en la tierra que elijo pisar.

13 de mayo de 2018
Sombras
Con quién comparto estas ganas de
escapar, la necesidad imperiosa de quemar todos mis folios y cambiar de aires y
esperanzas.
A quién contarle ahora todos los
defectos que ni siquiera soy capaz de nombrar, todas las noches en vela, la
ansiedad que me aprieta el pecho. Sobre qué hombro llorar los desamores, las
historias que me rompieron como un cristal y que todavía cortan.
Con quién compartir el sentimiento
de infinitud del camino, las preguntas que no sé responder y que me vuelan
dentro de la cabeza como pájaros hambrientos.
Con quién saltar esta grieta,
dónde encontrar las fuerzas para enfrentarme al vacío. Cómo aceptar la soledad
y el silencio como única respuesta.
En qué escuela aprender a
convivir con mis lobos, perder el miedo a acariciarlos, comprender que su
rugido puede ser aprendizaje.
Dónde encontrar el manual de funcionamiento del corazón,
cómo salvar sus distancias, sus errores, cómo curar sus heridas y cerrar por
fin las puertas que no llevaron a ningún sitio.
En qué lugar cambiar de nombre, pasar de pato a cisne, dejar
de ser espectador y formar parte de la historia.
Dónde escribir los capítulos que nos restan, en qué lugar
colocar el punto final. Qué hacer con la culpa, dónde se reclaman los abrazos
que necesité y no tuve, la mano salvadora justo en el momento preciso.
Cómo comprender la ausencia y la muerte. El infinito con
forma de nada que se queda a vivir. Los caminos que se descruzaron sin saber
siquiera cómo.
Me pregunto si al fin la luz podrá vencer tanta sombra, si
habrá alas para tanto viento. Si sucumbiremos al miedo por puro miedo al miedo.
Si dejaré algún día de huir para poder echar raíces.

22 de abril de 2018
Momentos
En qué momento fluir sin miedo al dolor del juicio,
cuándo volver a ser galaxia y después planeta,
cuál será el instante exacto en que pulsaremos
el interruptor de tormentas
que nos salve de los monstruos.
Dónde quedó aparcado el triciclo
con viajes rumbo a “cualquier parte”,
en qué esquirla del tiempo
aprendimos a vagar sin rumbo
en qué espejo comenzamos a temer nuestro reflejo.
En qué rincón quedaron los niños
que siempre fuimos y que traicionamos,
en qué dirección escaparemos ahora
si perdimos todos los mapas
y no hay ciudad que sepa bailar con nuestra esencia.
cuándo volver a ser galaxia y después planeta,
cuál será el instante exacto en que pulsaremos
el interruptor de tormentas
que nos salve de los monstruos.
Dónde quedó aparcado el triciclo
con viajes rumbo a “cualquier parte”,
en qué esquirla del tiempo
aprendimos a vagar sin rumbo
en qué espejo comenzamos a temer nuestro reflejo.
En qué rincón quedaron los niños
que siempre fuimos y que traicionamos,
en qué dirección escaparemos ahora
si perdimos todos los mapas
y no hay ciudad que sepa bailar con nuestra esencia.
Me pregunto si llegará acaso nuestro momento,
si habrá un pequeño destello
que anticipe el crack definitivo,
si nos devorarán las llamas de los calendarios
y huirán escurridizos los años entre nuestros dedos.
si habrá un pequeño destello
que anticipe el crack definitivo,
si nos devorarán las llamas de los calendarios
y huirán escurridizos los años entre nuestros dedos.
Me gustaría seguir soñándome pájaro,
y no encontrarme tan cansado
para bucear en mis lodos,
que el camino no sea foso,
y seguir encontrando resquicios de luz.
y no encontrarme tan cansado
para bucear en mis lodos,
que el camino no sea foso,
y seguir encontrando resquicios de luz.
Hablar el lenguaje de las golondrinas,
entender el sabor de un beso,
construirme en los abrazos,
ser arquitecto de retinas,
mostrarme tan sensible como inquebrantable.
entender el sabor de un beso,
construirme en los abrazos,
ser arquitecto de retinas,
mostrarme tan sensible como inquebrantable.
Y no conformarme con habitar la desdicha,
cuidar lo de dentro tanto como lo de fuera,
acariciarme despacio y con paciencia,
quererme bien y a paso lento,
vencer los muros de mi impaciencia.
cuidar lo de dentro tanto como lo de fuera,
acariciarme despacio y con paciencia,
quererme bien y a paso lento,
vencer los muros de mi impaciencia.
Y construir con tiento un nuevo cometa,
que me lleve de la mano a las estrellas
que formaron parte de mi cuerpo
y que ahora siento temblando
tan profundo y dentro de mi pecho.
que me lleve de la mano a las estrellas
que formaron parte de mi cuerpo
y que ahora siento temblando
tan profundo y dentro de mi pecho.
15 de abril de 2018
Mi voz
En alguno de mis rincones llenos
de polvo, cerca de mi guarida de lobos, vivía encadenada mi voz dormida. Una
voz que no había conocido nunca, aunque en alguna ocasión hubiera sentido que
gritaba mi nombre como una pequeña ráfaga de viento diminuta.
Durante mucho tiempo he negado su
existencia y me he tapado los ojos y los oídos, quizás por puro miedo a
conocerla, por pavor a que me gritase aquello que no quería escuchar, a que me
llenara de reproches por haberla dejado abandonada en el más profundo de mis
cuartos oscuros. A que desmontase mi historia y el papel que yo mismo he
construido y he aceptado en ella. Pero basta que trates de ponerle puertas al
mar, para que el mar pase por encima de ellas arrollándote, tirando abajo tus
castillos de arena.
Y mojado, sintiendo que esa voz
ahora se ha hecho presente y ha desmontado mi película, que no me ha reprochado
nada y que me ha abrazado como se abraza un bosque, no sé si podré domarla para
que aparezca a voluntad, si será como un corcel blanco que cabalgue mis
llanuras, si me enseñará por fin el camino que ponga fin al invierno que desde
hace tantas primaveras me acompaña.
Quién sabe si tal vez, sólo sea
necesario dejarse llevar. Fluir como fluyen las corrientes y el agua. Aceptar
que toda luz proyecta sombras. Que es en la ausencia donde puedo aprender a
sentirme acompañado. Que las partes que me niego son las que más me
representan. Salir del personaje armado hasta los dientes que desde hace un
tiempo me defiende sin tener nada de lo que defenderme.
Y latir. Como late un instrumento
en una orquesta. Sentir que hay grupos que acompañan. Que caminan cerca. Que
quieren escucharte. Que conocen las voces que te niegas.
Y cantar. Cantarlo todo. Desde
dentro y desde el centro.
Para así, poder perdonarme.
Para así, poder construirme.

Little voice by Khoa Le
1 de abril de 2018
Ochomil
Quisiera tal vez apagar esta cabeza,
el gramófono desafinado de la autoexigencia,
verme vestido quizá de una bondad tan blanca
como la cima de alguno de los catorce ochomiles
despojado por fin del mazo de juez severo e intransigente.
el gramófono desafinado de la autoexigencia,
verme vestido quizá de una bondad tan blanca
como la cima de alguno de los catorce ochomiles
despojado por fin del mazo de juez severo e intransigente.
Quisiera, no sé, ser tan sólo un búho
que se eleva en mitad de la noche,
apreciar los colores del viento que ahora no aprecio,
abrazar feroz y descarriado
la sabiduría ancestral de los árboles.
que se eleva en mitad de la noche,
apreciar los colores del viento que ahora no aprecio,
abrazar feroz y descarriado
la sabiduría ancestral de los árboles.
La ansiedad es un pura sangre que galopa desbocado
y hace de mi pecho su valle de pasto
aunque la química anule mis sentidos,
desearía, quién sabe, cambiar de lugar su abrevadero
convencerle de que aquí no hay nada que comer.
y hace de mi pecho su valle de pasto
aunque la química anule mis sentidos,
desearía, quién sabe, cambiar de lugar su abrevadero
convencerle de que aquí no hay nada que comer.
Podría a lo mejor ser violín y luego guitarra,
mover las cuerdas del universo
timbrar con armonía y alegre
dejar en el aire mi huella
atrapar el sonido que hace el silencio al romperse.
mover las cuerdas del universo
timbrar con armonía y alegre
dejar en el aire mi huella
atrapar el sonido que hace el silencio al romperse.
Y poder encontrar, acaso, respuestas
a todo aquello que no formulo por miedo,
que no consigo ni atrapo por miedo,
que no valoro por miedo
que abandono a su suerte antes incluso de haber nacido.
a todo aquello que no formulo por miedo,
que no consigo ni atrapo por miedo,
que no valoro por miedo
que abandono a su suerte antes incluso de haber nacido.

18 de marzo de 2018
Ahora
No sé si el calor de tus brazos será para siempre, o si
mañana vendrá un vendaval que nos deje sin todo lo que hemos construido. Desconozco
si serán los osos del viento los que vengan a desnudarnos y a cobrarnos peaje, ni
si podremos pagar.
No sé si tus labios seguirán temblando al rozar mis labios, si
seguirás respondiendo juguetona a mis caricias furtivas, si tu espalda querrá
seguir cobijando mi pecho.
Tal vez nos sorprenda la enfermedad del desánimo en medio de
esta batalla, y tiremos la toalla por miedo a seguir apostando. No sé si el
barro del camino hará que se hundan nuestros pies descalzos y si se
desdibujarán nuestros caminos.
Quizás mañana ya no nos parezca tan hermosa la lluvia
mojando nuestro cabello, ni seamos capaces de dibujar océanos en nuestras
pupilas. Puede que dejemos de inventar historias y planetas infinitos y ya no
nos creamos capaces de atrapar las nubes con las manos. Puede que quememos
calendarios y rompamos cartas. Que nos neguemos ante la certeza de otras bocas
y sucumbamos a la tentación de otras hogueras.
Puede, porque el mañana no está escrito.
Pero hoy tengo tu boca y tu espalda. Tu sonrisa traviesa de
niña, la infinitud de tu mirada, el eco dulce de tu voz. La caricia de tus
manos que acunan mis miedos y tranquilizan al lobo que siento dentro. La
paciencia. Las ganas de edificar mundos que sean sólo para nosotros. Las olas
que nacen en tu estómago. Las mariposas que bailan con el niño que no perdí y
que se abraza al latido de tus piernas. Los viajes a paraísos que nadie más
conoce. Las noches tiernas y las sábanas recién lavadas. Las horas que pasamos
buceando en nuestro centro. Los tesoros que encontramos y compartimos. El
segundero de un reloj con el que disfrutamos paso a paso de un ahora que se
torna magnífico, fuerte y necesario. La confianza. La libertad. La comprensión.
El perdón. Las canciones que improvisamos. La banda sonora que llevamos dentro y
que bailamos cada día. El ahora. Tan leve como un susurro. Tan fuerte como el
hormigón.
Y por primera vez no pienso en futuros ni en lo que vendrá,
porque nuestro ahora es lo único que tenemos y lo único que no nos queda grande
manejar.

11 de marzo de 2018
Manual para tormentas
Necesito frenar durante un
segundo este ritmo enloquecido, bailar con el silencio. No esperar respuestas a
preguntas que no existen, que me golpean y que ni siquiera he formulado.
Verme en el espejo, sonreír a mi
reflejo herido, aceptar que para volar es necesario soltar lo que me pesa. Dejar
de construir catedrales con los pedazos rotos de corazones que pasaron por
aquí. Gritar al aire que estoy hecho de viento.
Dejar de esperar en la orilla,
levar anclas, llenar de calor el frío que dejó tu marcha. No alimentar
ausencias. Pedir perdón y reprochar menos.
Enterrar el hacha de guerra,
abrir los brazos, respirar profundo. Aceptar lo que llevo para valorar lo que
otros traen. No golpear primero, no cerrar puertas y ventanas por si entrase la
brisa o la luz.
Agradecer el verde y también el rojo
de los semáforos. Que sea el camino el que me encuentre caminando. Besar más y
durante más tiempo. Abrazar como el marinero que regresa a casa. No temer echar
de menos. Echar por fin raíces.
Romper las cadenas de mis
lealtades invisibles, quemar etapas y recuerdos. Barrer el polvo de mis rincones
escondidos. Dejar de regar jardines que murieron hace tiempo. Sembrar otros con
el mismo cariño.
Y despedirme.
Sobre todo, dejar de huir y aprender
a despedirme.

4 de marzo de 2018
La máquina de sueños
Siempre soñé con ser un pájaro.
Cruzar las nubes como el que atraviesa un telón de terciopelo, domar al viento
y convertirlo en aliado. Surcar los cielos, cerrar los ojos, ver pasar el
paisaje a toda velocidad, sobrevolar acantilados, caer en picado hacia las olas
y remontar el vuelo rozando el agua.
Quise ser astronauta, embarcarme
en misiones espaciales, flotar en gravedad cero, dejar que la luna dejase
huella en mis botas, contactar con Houston por un problema grave, salvar a la
tripulación in extremis y de forma heroica mientras el mundo contiene la
respiración a través de sus televisores.
Soñé con ser pez, dejar que los
corales acariciasen mis escamas, flotar hasta la superficie y desafiar con la
mirada a las gaviotas hambrientas, para después sumergirme de nuevo a toda
velocidad y dejarme llevar por las corrientes del océano.
Quise ser buceador, sondear las
profundidades marinas, descubrir especies nuevas que nadie ha descubierto.
Encontrar tesoros hundidos. Dar por fin con la Atlántida. Dejarme seducir por
el canto de sirenas y volver para contarlo.
Soñé con ser lobo, aullar a la
luna en mitad de la noche, ser parte de una manada fuerte, que mi territorio
tuviera cientos de kilómetros y que no lo abarcase la vista, sentir un mundo de
colores a través de mi olfato.
Y aunque nunca pude, por razones obvias,
ser nada de lo que soñé y quise ser, me siento cada vez más pájaro, cada vez
más pez, cada vez más lobo, cada vez más astronauta y cada vez más buceador. Todo
a la vez y sin orden alguno. Y ni siquiera sé si son compatibles entre sí,
tampoco si debería hacer más caso a una parte que a otra.
Quién me iba a decir que a mis
treinta y uno, iba a seguir con la máquina de sueños a todo trapo.

25 de febrero de 2018
Raíz
Brilla tanto tu mirada y de una
forma tan sutil que por un momento creo comprender el lenguaje de las nubes y, el
terciopelo de tus manos sobre las mías, se convierte en el idioma oficial de
nuestro reino. Me gustaría explicarte en un suspiro todo lo que me arde dentro,
concentrar en un beso todos los poemas que te debo y no me salen, dejar de
pagar contigo las heridas que otros cuerpos dejaron en mi piel, pero se me hace
un nudo la garganta y tan sólo puedo observarte tranquilo mientras respiras
nerviosa.
Dejaré que seas tú quien me
abrace esta noche, quien apriete su pecho contra mí para que nuestros latidos
se sincronicen. Por un momento no
existirá el dolor y la calma volverá a allanar los caminos que pisamos. Cómo
explicarte que la paz es tenerte cerca, respirando en silencio, protegiéndonos con
nuestra mera existencia de todos los bombardeos que nos amenazan.
No somos pájaros pero se nos da
bien volar lejos cuando la llama empieza a crecer dentro. Eternos aprendices de
escapistas, que abandonan por puro miedo al abandono, como torpes trapecistas con
miedo a las alturas. Y sin embargo aquí seguimos, sirviéndonos de red para
recogernos en cada tropiezo. Para volver a sembrar después de cada incendio. Ojalá
las tormentas no consigan derribarnos, que la niebla del tiempo pase de largo y
sepamos aguantar nuestro reflejo sobre los charcos.
Y guardarnos como se guardan los
tesoros, componer canciones que alejen los fantasmas y nos sirvan de guía para
contar nuestra historia. Que todos los caminos que crucemos nos permitan alcanzar
lo anhelamos y buscamos, que no seamos un muro y que venza siempre la palabra a
la desesperanza de lo que no comprendemos. Que en las noches frías sigamos
sirviéndonos de abrigo para seguir viendo en las estrellas mapas de lo que se
nos fue.
Y que sigas siendo mi raíz.
Para que cuando me abraces me
sigan creciendo flores en los dedos.

18 de febrero de 2018
El viaje
Te encontré mirándome desde la
orilla, con el agua mojándote los tobillos y preguntando qué había sido de
nosotros. Confieso que tuve miedo de responder algo que no esperabas, de haber
traicionado la semilla que un día prometimos proteger. Y aunque en tu gesto
había una nobleza y calma que sólo poseen los astronautas del tiempo, no fui
capaz de mirarte a los ojos.
Me sonreías, con una fuerza olvidada
en las rendijas de la memoria y con la paz del que nada tiene que temer, me invitaste
a zambullirme contigo en las aguas.
Regresamos a la raíz y sentí la
savia fluyendo por mis venas. Me crecían ramas en las manos y hojas en los brazos.
Sentí el aire despeinando mi envoltorio y la fuerza de la tierra sosteniendo mi
equilibrio. La luz del sol era tan
intensa que me cegaba, pero alimentaba mi estómago y hacía que me nacieran
mariposas blancas que revoloteaban a mi alrededor, no había ruidos, ni sombras
que me acecharan.
Abrí los ojos y pude sentirme
pájaro, noté la intensidad del viento combatiendo contra las alas, las plumas bailando
y abrigando mi pecho. Nos elevamos sobre acantilados y valles, sobre colinas y
después descendimos en picado contra el suelo.
No hubo golpe, ahora corríamos en
manada entre los árboles, vestidos con un pelaje blanco y aullábamos a la luna
mientras melodías de olores dibujaban sinfonías en nuestros sentidos. Sentíamos
la hierba acariciando nuestros pasos. Lo podíamos todo hasta que llegamos de
nuevo al agua y nos sumergimos.
Ahora nadábamos veloces, con las
escamas cortando las aguas, con la inmensidad por delante, como exploradores
galácticos en medio de la vía láctea.
Después todo se apagó y estuve
solo. Sentí miedo. Una luz se encendió y aparecí desnudo en el suelo,
abrazándome a mí mismo, con un llanto antiguo de fondo, casi melódico.
Viniste a rescatarme y regresamos
a la playa. Todo volvía a ser como antes. Me sonreíste. Colocaste tus manos
sobre las mías y aunque quise pedirte perdón supe que no era necesario. Que no
lo necesitabas. Que estabas feliz de verme. Cerré los ojos mientras te alejabas
para desaparecer de nuevo en el agua.
Lloré. Como lloran los niños. Con
la pureza del reencuentro. Dejé que las lágrimas purificasen mis heridas,
calmasen el dolor.
Me desperté en mi habitación, sudoroso y con el corazón desbocado.
Me abrazaste. Me dejé abrazar. Nunca supe que significó todo aquello.
Meses después encontré un mensaje con mi letra que no
recordaba haber escrito en un cuaderno: “Pon alma a todo lo que hagas en tu
vida y nunca te quedarás sin luz, es la única manera de no perder en el vuelo,
las ganas de volar.”

11 de febrero de 2018
Apuntes de un pájaro sin nido
Qué pasará cuando millones de
constelaciones estallando iluminen tus pupilas, cuando sea el viento el que
recoja tus vaivenes, cuando de tus manos florezcan lotos y se alejen de ti los
cuervos negros que anunciaban tu derrota.
Qué sucederá cuando todos los
charcos devuelvan tu reflejo y la bandera blanca e impoluta de la infancia
ondee en tu pecho, cuando no mires sólo desde el dolor y te aleteen en los
brazos los halcones de la belleza.
Qué sentirás cuando cambies las
despedidas por recuerdos
que colgar en las paredes desnudas de tu pecho, cuando entiendas el idioma de
las gaviotas y empieces a formar parte de las olas. Cuando regales un corazón a
cada sobre vacío y escribas cartas de amor en las facturas.
Qué harás cuando acaricies cada bolígrafo y
percibas el latido de la tinta, cuando tiemblen en tus dedos todas las
historias que aún no ha contado, cuando revivan en ti todos los personajes
olvidados y cierres por fin capítulos.
Qué pasará cuando desaparezcan tus ganas de
huir, cuando te declares inocente de lo que te acusas, cuando comiences una
nueva vida lejos de todo lo que te daña y te invadan libres las emociones que
enclaustraste.
Dejarás de hacer preguntas cuando siembres
semillas sobre tus heridas, cuando recojas los frutos de la confianza y compartas
el fuego que te quema dentro.
Y entenderás que vivir siempre
deja poso. Que toda guerra tiene bajas, que para no sufrir sería necesario
convertirse en piedra.
Y que volar... supone desprenderse
de lo que te pesa.

4 de febrero de 2018
Ojalá
Ojalá se deshagan tus lágrimas
como los copos de nieve que cada invierno nos visitan. Que transformemos el
dolor en vida y se me desaloje de una vez esta inquilina presión del pecho. Ojalá
siempre constantes, siempre precisos, siempre valientes, sin necesidad de
conocer más rendición que la que la cama nos brinda cada noche.
Que la risa tome preso nuestro
estómago, que exija carcajadas como peaje para cuando la pena venga a vernos.
Que sigamos fuertes en nuestro parapeto y se me agoten de una vez las ganas de
escapar. Ojalá la paz inundando nuestras aceras, que respirar no me suponga un
esfuerzo, que la verdad entienda nuestro idioma. Que se alejen de nosotros las
llamas del rencor, que el odio no roce nuestros cuerpos, que se nos erice la
piel en cada despedida y aprendamos de cada persona que se marcha.
Que se encienda una nueva
estrella cada vez que el amor nos escriba cartas, que juguemos más y discutamos
menos, que la razón no sucumba nunca a la desesperanza. Ojalá más árboles y
flores, más canciones, menos poemas tristes, que construyamos nuestro universo
en un jardín de castillos de viento. Por fin la reconciliación con nuestra
infancia, dar la mano a lo que fuimos. Y las gracias.
Apostar por la utopía como hoja
de ruta, temer menos al miedo y que el coraje nos desborde contra la vicisitud.
Que se cierren nuestras heridas, dejar paso a lo que importa y nos conmueve,
desterrar lo que nos daña y perdonar para crecer. Perdonarnos. Perdonarme.
Entender que no podemos
entenderlo todo. Que tampoco es necesario. Que cada piedra hizo camino, que el
camino se hizo por algo y que nos condujo hasta aquí. Y abrazarte fuerte como
si se me fuera la vida en ello. Como si en ese abrazo pudiera renacer cuando se
me agote el tiempo y las ganas.
Ojalá encontrarte en mis viajes,
en los sueños que atesoran mis bostezos, en cada una de las páginas que escriba,
para que si nos separan las corrientes poder encontrarnos en medio de la niebla
sin necesidad de luces, guiados por un instinto brújula.
Y construir.
Que ya (nos) destruimos bastante.

14 de enero de 2018
Los pedazos
Hace frío fuera pero siempre me
arde algo dentro. Por más que lo intenta el invierno no consigue congelar los
latidos de este corazón arrítmico con cierta tendencia al vuelco.
Desafío la pereza y entreno mis piernas
a diario para que me lleven lejos, aunque todavía no conozco el destino.
Recorrer kilómetros dejando que mi mente se vacíe de todo lo acumulado estos
años es un ejercicio pesado pero liberador. Ignoro las voces que me gritan “ríndete”,
“déjalo ya” “¿no ves que no tiene sentido?” y construyo castillos con los
pedazos de un planeta que se vino abajo. Fortaleza es picar una y otra vez las
mismas piedras hasta que las piedras desaparecen.
Me pregunto cómo hacen algunos
para vivir tan ausentes de sí mismos, cómo hacen para entregarse a la nada con
los brazos abiertos y sin paracaídas, cómo hacen para vestirse cada día con sus
trajes y máscaras grises roídas por el tedio, cómo hacen para no emocionarse con
el mero hecho de estar vivos. Y me aterra pensar que yo también puedo caer en
cualquier momento en la nada, que yo también puedo convertirme en un muñeco de
nieve sin voluntad. Así que me lleno de viento para que mis brazos pesen menos y
puedan abrazarte fuerte.
Veo en tus ojos el reflejo de mí
mismo y me asusta lo que veo. Al fin y al cabo combatimos los mismos fantasmas
aunque arrastremos lastres distintos. Confieso que me cuesta horrores ver la
luz que tanto dicen que tengo, que la mayoría del tiempo me siento oscuro y
frío y que en ocasiones trato de escapar por la ventana para no abrir la caja
de las plagas que me persiguen. Al fin y al cabo la mayor de las guerras se
libra contra uno mismo.
Pero me perdono por no haber
sabido escucharme. Por no encontrar la llave que tanto he buscado de un candado
que ni siquiera existía. El tiempo me ha enseñado que nadie puede cerrar tu
propio cielo.
Tan sólo hace falta levantar la
mirada y sonreír.
¿No es acaso hermoso sentirse tan
ligero como un pájaro?

17 de diciembre de 2017
Ciudad poesía
Dejé olvidados mis poemas en
algún rincón de este planeta, perdidos entre el ruido atronador de charlatanes
y sabihondos de red social, donde ni yo mismo lograba alcanzarlos. Habían
dejado clavado en mí el recuerdo de sus dedos blancos. Sus retazos de azul y
sabor a sal, su incapacidad de amar más allá de la etiqueta y el me gusta, su
miedo a la muerte, su pavor a las miradas por encima del hombro, a la
indiferencia.
Caminé en dirección contraria y
me alejé, condenando al destierro la emoción y anclándome en la excusa. Dejé de
creer en ellos, en la paz de sus letras, en los pájaros que revoloteaban en
cada una de sus líneas. Y empecé a culpar a la inspiración de todos los
problemas.
La niebla había llegado a ciudad
poesía, lo que antaño fuera un paraíso soleado que de forma tan plácida había
habitado los últimos años, se había convertido en una ciudad en guerra,
destruida por mi ejército de caimanes, asediada y bombardeada por el más
antiguo de mis rechazos. Sin ni siquiera saber en qué momento la guerra se ha
apoderado de tus vísceras te ves inmerso en una batalla que debes librar solo.
Uno no conoce el alcance de la
soledad hasta que se aleja de lo que siempre le ha acompañado, hasta que pierde
de vista la luz del último de sus faros. Y en soledad, caminando entre las
ruinas, cegado por la niebla, al borde la locura y con la ansiedad como única
compañera me veía incapaz de salvar horizontes. Y esta se convierte en la
historia de tu derrota.
Lo bueno del silencio es que
permite escuchar la voz que llevamos dentro. Una voz que cuando sabe el buque
perdido, grita y hace temblar todos y cada uno de tus cimientos. Y esta, aunque
resulte difícil de creer, se convierte en la historia de una victoria.
Esa voz guía construyó de nuevo
las fuentes, las calles, los edificios, las plazas, los bulevares, los parques.
Trajo de vuelta los pájaros y llenó de flores los jardines. Creó los mares y
los ríos, las montañas. Disipó la niebla y volvió y regresó el brillo del sol.
Los viejos poemas no volvieron, pero no hizo falta, nacerán otros nuevos pues
he aprendido que no hace falta poema mientras exista la poesía. Mientras la
canción de la vida no deje de sonar en tus manantiales más profundos.
Porque siempre ha estado ahí
cuando todo falla. Porque nunca se marchó. Porque regresar a la esencia es
acariciar la vida.
Canta tu canción y no dejes que
otros la canten por ti porque sólo tú serás capaz de escucharla y entenderla.
Tu voz es perfecta. Siempre lo ha
sido. Puedes hacerlo. Sabes hacerlo.
Aunque no sepas cómo.
A fin de cuentas no hace falta
entender la música para disfrutarla.

NOTA: Escrito tras mi participación en el taller "El camino del ser creativo y el reencuentro con nuestra esencia" de la escuela ImproVersa. Trabajo necesario y esclarecedor para todo artista que se exponga continuamente al juicio ajeno.
3 de septiembre de 2017
Deseos
Volar, volar sin prisa, batiendo lento las alas, sintiendo
el viento despeinarte.
Vivir, vivir deprisa, sentir despacio, saborear cada
victoria.
Llorar las derrotas y brindar las pérdidas, beber y cantar
de madrugada, abrazarte a los árboles y las farolas.
Escuchar el lenguaje secreto de las piedras, la música del
silencio. Bailar descalzo cada noche y enraizarse.
Alimentar el alma con poesía, perderse en acordes y cuellos
ajenos.
Rozar la piel y el corazón. Susurrar palabras no inventadas.
Escribir en el idioma del viento.
Ser brisa y también apero. Trabajar la amistad como el
alfarero trabaja el barro.
Vivir cada segundo, respirar profundo, amanecer tarde y
acostarse temprano.
Coger tu mano y besar tus párpados. Decirte todo lo que me
haces sentir. Dar gracias al universo por los bailes.
Susurrar secretos al agua, dibujar en los espejos. Saltar a
ciegas los límites de los cuerpos.
Amerizar en tu pecho, latir entre tus piernas. Deshojar la
flor sin arrancar los pétalos.
Abrir puertas, cerrar ventanas por si entra el frío.
Tomar aviones, barcos, trenes, autobuses sin un destino
cierto. Viajar a la deriva y sin timón.
Reinventar el norte, rediseñar las brújulas, trazar mapas en
tus calles desiertas.
Flotar como madera de deriva, colonizar playas. No querer
que me encuentren nunca.
Renacer del cero. Que ese sea mi comienzo. Y seguir
cantando, como cantan los pájaros a la mañana.
Encender luz para todas mis sombras. Disipar la niebla.
Y sólo así poder aguantar la mirada a mi reflejo.
Y encontrarme.
Simplemente, encontrarme.

25 de junio de 2017
Esencia
Quiero construir una isla en mi
interior a la que acudir cuando me sienta perdido. Una isla que sólo yo conozca
y a la que sólo llegue la espuma de lo que yo permita, donde la paz venza el
ruido que precipita con estrépito mi cordura.
Allí vería amanecer y atardecer
cada día, dejando que las olas acariciasen mis tobillos y fluiría con el agua
como fluyen los pájaros en el viento. Necesito construir un espacio puro en el
que brillen las estrellas, necesito observar los astros, aprender a hablar el
lenguaje del firmamento. Sería bello, tumbarme durante horas en la arena con
las manos detrás de la cabeza y dejar que los pensamientos me visiten, como
sabios venidos de otra época mostrando caminos entre la maleza.
Necesito una isla sin lobos ni
serpientes venenosas, en la que poder pasear tranquilo sin la incertidumbre del
miedo. Una isla en la que luzca fuerte el sol incluso cuando llueva, y en la
que la luna salga cada noche a teñir el mar de blanco. Una isla sin jueces, sin
leyes, sin supervivencias ni limitaciones de ningún tipo. Una isla que sea
corazón y que lata al compás de cada uno de mis pasos.
Una isla que refugie al niño que
todavía me brinca dentro, que no permita que se muera de pena porque el adulto
se traicionó ya en demasiadas ocasiones. Una isla llena de flores y jardines
que nadie pueda pisotear. Donde vuelen libres cientos de mariposas que nadie va
a atrapar nunca.
Quiero una isla eterna, sensible, elemental, natural, conectada, ingrávida, apasionada.
Una isla que sea casa y hogar.
Y desde allí, dedicarme a crear
mundos.
20 de junio de 2017
Un viaje por las historias de pasaporte: Concierto recital en Madrid
Esta semana he sacrificado la habitual entrada para anunciar que este viernes 23 de junio a las 22.00 estaré dando un concierto recital con invitados en Xelavid Madrid, C/Capitán Haya Nº28.
Han pasado dos años desde la salida de "Pasaporte" mi primer poemario, que me ha llevado de gira por muchas ciudades de la
geografía española acompañado siempre de mi guitarra.
Tenía ganas de hacer algo en mi casa, Madrid, y quería que fuera diferente, por lo que he preparado un espectáculo único en el que se descubrirán las historias
que hay tras los poemas: "Un viaje por las historias de Pasaporte"
pretende llevar al espectador más allá de los poemas, al sitio en que
nacieron esas emociones. Contaré con invitados de lujo a lo largo de la noche
(Antonio Cuenca, Dácil Santana, Luis Cano y Cristina Merino) que ayudarán a sumergir el ambiente en un cosmos único e irrepetible de
canciones, poemas, historias, cuentos y sobre todo: emociones a flor de
piel.
Para las entradas hay dos opciones, 5 euros en puerta el día del evento o 3 euros si la sacas anticipada a través de entradium.
11 de junio de 2017
Cuidarte
Cuidarte consiste en respetar tu
espacio. En permitir las dudas que taladran tu cabeza y acariciarlas. En entender
que sientes diferente a mí, que somos dos planetas distintos pero que juntos se
complementan.
Cuidarte no consiste en huir
cuando empieza la tormenta. Consiste en salir a por ti cuando perdida vagas
entre la lluvia y necesitas alguien que te refugie entre sus brazos. Cuidar consiste en decirte siempre la verdad,
por desnuda y descarnada que parezca, consiste en admitir los fallos como parte
del crecer, los tropiezos como parte del camino.
Cuidarte consiste en dar la mano
cuando lo precisas y aire cuando te ahogas. Consiste en admirar tu vuelo y
observarlo lento, grabando todos sus detalles. Cuidarte consiste en salvar tu
rutina construyendo puentes, tendiendo escaleras hacia la luna con la que tanto
te conectas.
Cuidarte es conocerte, adentrarme
despacio en tu jardín de maravillas, hablar de tú a tú con tu esencia, respetar
tus tiempos, nadar en tus derivas, retozar entre tus nubes.
Cuidarte es caminar al lado, nunca
delante, nunca detrás. Sentir orgullo en tus éxitos y admirarte en las
derrotas, darte fuerzas para sostener el mundo. Vencer fantasmas contigo.
Cuidarte es rozar cada trozo de
tu alma, incluso aquellas que otros rompieron. Llenar de nuevo tu estómago de
emociones y de sueños. Saltar en paracaídas aunque el vértigo diga no.
Cuidarte es cuidar tu vida.
Aprender de tu experiencia. Crecer contigo.
Y amarte sin peros y sin salir
quemando rueda.
Y vivir cada uno de tus segundos
como un regalo.
El viernes 17 estaré en Valladolid a la hora del Vermut en el Kafka, compartiendo escenario con Irene DeWitt, Noelia Toribio y Oliver Benavente, con el espectáculo "Universos". Más info en sección eventos.
Ya están las entradas a la venta para mi concierto recital del viernes 23 de junio en Madrid.
4 de junio de 2017
El abrazo del viento
Cierra los ojos cuando los nudos
te aprieten fuerte en el estómago y no sepas deshacerlos, deja caer los
párpados y siente mi abrazo sincero rodeándote, acariciando esos rincones del
alma que sólo me muestras en privado.
Apoya tu cabeza en mi hombro y
permite que los fantasmas del miedo abandonen por un momento tu cabeza. Deja
que fluyan las emociones por tus brazos, por tus piernas, y siente mi mano recorriendo
despacio la orografía de tu espalda.
Imagina que suena tu banda sonora
favorita mientras entrelazados como bailarines del viento nos mecemos en un
vals de aire. Observa como estallan colores a nuestro alrededor y nacen galaxias
del brillo de nuestros ojos.
Deja que se despeguen tus pies del
suelo y vuela, que no exista vértigo ni miedo a las alturas, que te rocen las
nubes el rostro, que sean tus poros la mejor estación meteorológica y que se te
humedezca la piel y los labios.
Bébete la vida en este instante, sin
prisas. Dejando que en este abrazo eterno y seguro se fusionen nuestra esencia
con la luz. Y brillemos, porque sólo brillando se puede iluminar lo oscuro.
No te sueltes todavía, que tus
raíces busquen mi barro para asentarse, que se alimenten de mi sustrato y que
nos nazcan flores. Que nuestras pupilas se dilaten y nos engullan, que nos
transporten a paraísos lejanos, a montañas kilométricas desde las que observar
un mar infinito de cumulonimbos blancos, océanos verdes tan inabarcables como
inexplorados.
Ahora abre los ojos y sonríe.
Que tu sonrisa es la mejor de las
brújulas para este astronauta perdido.
Y que nos tiemble el mundo dentro
de este abrazo.
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